La maté

Queridos lectores: hace unos días les dije que les estoy preparando una sorpresa. Hoy les adelanto un poco: abriré un canal en youtube. Ahí leeré algunos de mis textos y les contaré algunas anécdotas de mi vida como escritora, para poder sentirme más cerca de ustedes. Espero que me acompañen ahí también. En cuanto esté listo, se los compartiré. Los quiere, Anne Kayve

—¡Hey, Rick! Tienes que confesar o el juez te recluirá en la cárcel el resto de tu vida.—Me dice Daniel, mi mejor amigo, entrando a mi celda de confinamiento.

Yo niego con la cabeza y cierro los ojos, tratando de alejar las horripilantes imágenes que se conservan en mis pupilas. Sangre, mucha sangre, un cuerpo inmóvil… y gritos.

—Sé de una muy buena fuente que tú no la mataste —Asevera mientras se sienta a mi lado. Ese es el privilegio de trabajar ahí mismo en la comisaría: él puede violar sus propias reglas, pues se supone que un reo jamás debe estar cerca de un policía.

—Te van a regañar, Dan. No debes estar tan cerca de mí.

—¡Carajo! ¿Por qué la defiendes? ¡Sé que fue Luciana! ¡Ella me lo confesó!

Ante esas palabras, una desesperación insólita se adueña de mí.

—¡No! ¡Fui yo! ¡Fui yo! ¡Yo la maté!

Daniel escupe a mis pies, molesto.

—No sé por qué la defiendes. Ella merece estar detrás de estas rejas y no tú.

—Lo merezco, lo merezco. Yo me aventé sobre mi pequeña y la asfixié… luego la apuñalé para que nadie la reconociera. Fui yo, fui yo.

Sin previo aviso, mi mejor amigo me da una bofetada.

—¡Reacciona! ¡Estoy tratando de salvarte el pellejo!

—Vete, no te necesito —Le grito enojado y me volteó, con el objetivo de que deje de molestarme.

—Está bien, si quieres que me vaya, lo haré. Sólo dime una cosa, ¿Por qué te aferras a echarte la culpa?

Sin mirarlo, empiezo a confesar todo:

—Porque si ella no lo hubiera hecho, hubiera sido yo. Yo amaba a mi hija con todo mi corazón, y lo sabes, pero este mundo es una mierda. Hablé con Luciana y ambo estuvimos de acuerdo en que si moría, tenía que ser a nuestras manos, y no en la mano de otros. Además, con la enfermedad letal suelta… tarde o temprano iba a pasar.

Un silencio se apodero de la celda. Después de unos minutos, mi mejor amigo se levantó y se fue sin mirar atrás. Nunca más volví a verlo, al igual que tampoco pude volver a ver el rostro de mi pequeña hija sonriendo.

Anne Kayve

Imagen de rottonara en Pixabay

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9 comentarios en “La maté

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