El mejor avión

Queridos lectores: el texto está inspirado en la supuesta venta del avión presidencial. Espero les guste.

Cuando despertó, descubrió que había ganado el avión presidencial. Al principio pensó que se trataba de un error o de una broma, pero cuando visualizó su rostro y nombre en todos los noticieros y en las principales portadas de las revistas y periódicos más importantes del país, cayó en la cuenta de que no era así. Por una vez en la vida, la suerte le había sonreído.  

Soltó un grito de emoción y fue corriendo a su garage, lugar en donde guardaba su viejo avión, para verlo por última vez. Por unos momentos, deseó no tener que despedirse y desprenderse de ese viejo cacharro, pero en casa no tenía suficiente espacio para meter ambos transportes. Así que no tenía otra opción. Después de meditarlo un poco, empezó a buscar en Internet algunos lugares en donde pudiera venderlo, aunque sea por partes. Pocos minutos después, encontró a un posible comprador, con el cual pactó la hora en la que se verían ese mismo día.

Llegó unas horas antes y estacionó su pequeño avión en un aeropuerto público. Después, decidió quedarse ahí, observando todo su alrededor, en lo que llegaba su comprador. Desde hace años que ese medio de transporte había reemplazado a los carros, por lo que ahora todos se había adaptado al aire. Incluso, las personas con recursos medios estaban en las posibilidades de adquirir uno. Razón por la cual era muy común ya tener por lo menos un avión por casa, así que los aeropuertos tuvieron que hacerse públicos. 

Sin embargo, la mayoría sólo podía comprar uno pequeño, difícil de manejar y que gastara mucha gasolina. Por eso, cuando el presidente había hecho pública la rifa de su avión presidencial, nadie, absolutamente nadie, dudó ni un segundo en participar aunque su posibilidad de ganar había sido de una en 130 millones, que era la población que residía en aquél extraño y caótico país. Y él había salido ganador… a partir de ahora su vida cambiaría, tal como lo hizo cuando obtuvo su primer avión.  

Entonces, muchos recuerdos de aquellos días se aglutinaron en su mente, haciéndolo sentir nostalgia por los días pasados al lado de su cacharro. Se le vino a su mente cuando, después de una de sus clases de la universidad, en la cual estaba estudiando ingeniería aeronáutica, se le ocurrió la idea de construir su propio avión. Sabía que era complicado y que era probable que no funcionara, pero quería intentarlo. De otra forma, jamás podría tener uno, debido a los graves problemas económicos que tenían sus padres.   

Así que poco a poco, y con la asesoría de su profesor favorito, fue reuniendo las piezas y construyendo su avión. Al año de empezarlo, lograron que funcionara de manera correcta. Ambos estaban rebosando de alegría y se sentían orgullosos de ellos mismos. Sabían que hacían un buen equipo. Entonces, en ese momento tan sentimental, y de manera sorpresiva, su maestro le dio una palmadita en la espalda y le dijo, con la voz profunda que lo caracterizaba: 

—Buen trabajo, buen trabajo. Estoy seguro que lograrás muchas cosas. Sólo te quiero dar un consejo: que en el camino al éxito, no olvides quién eres y lo que es realmente importante. No son las cosas materiales, ¿sabes? sino su significado.—Dicho eso, soltó un suspiro largo y luego procedió, observando el magnífico avión que tenían enfrente —Por ejemplo, este avión es importante, pero no por sí mismo, sino por todo el tiempo y esfuerzo que implicó. Me refiero a que, cada que lo vea, nos veré a nosotros dos, trabajando, estudiando, armando, moldeando cada una de las piezas. Es una máquina del tiempo, ¿lo entiendes? La mejor que hay, pues es capaz de revivir momentos del pasado de manera tan vívida y real…  

    En esos momentos, el profesor se quedó callado, pues las palabras se le habían quedado atoradas en la garganta. El discípulo, conmovido, se atrevió a acercarse a abrazarlo y le prometió que, por su significado, nunca se desharía de él. El anciano, con lágrimas en los ojos, se lo agradeció desde el fondo de su corazón. Meses después, falleció de un paro cardíaco, dejando al chico triste, desamparado y con una promesa que cumplir. 

Desde ese día, su avión y él se habían convertido en uno solo, como si pertenecieran a un mismo elemento del universo. Nadie, en su sano juicio, los concebía separados, pero ahora todo estaba a punto de cambiar, pues al día siguiente iba a recibir el avión presidencial, el único e inigualable avión presidencial, que tenía toda la tecnología que cualquier conductor de aviones podría desear ¿el ganador del avión presidencial estaba dispuesto a romper ese juramento? ¿a decepcionar a su profesor?

Alguien tocó la ventanilla de su viejo avión y sacó de sus pensamientos al chico. Al voltear, vio que era el potencial comprador. Le hizo señas para que se esperara unos momentos. Él asintió sin rechistar y se quedó parado a unos metros de donde se encontraba, esperando que ese avión fuera de él al final del día mientras que el ingeniero aeronáutico miraba hacia el cielo, con la esperanza de encontrar el mejor camino a seguir, ¿romper una promesa y aceptar el mejor avión de todos los tiempos o conservar su máquina del tiempo y olvidar ese premio para siempre? 

Después de unos minutos de meditación, tomó una decisión. Luego de informarle su decisión a su potencial comprador, se dirigió con prisa al cementerio municipal. Quería avisarle todo a su profesor, antes de que se enterara por otros medios. Cuando llegó a su tumba, empezó a llorar, presa de todos los recuerdos que había despertado su primer avión. El anciano tenía razón, un objeto valía más por su significado, que por sí mismo. 

—Espero lo entiendas, profe. Por favor. Sé que si estuvieras vivo, apoyarías esta decisión, este camino —Dicho eso, se levantó y se fue sin mirar atrás, con el corazón apesadumbrado y el alma rota. Pese a todo, tenía aún que prepararse para el gran momento.

Al día siguiente, acudió puntual a la cita. Sabía que todos estarían al pendiente de la entrega del premio mayor. Todas las televisoras, revistas, periódicos transmitirían todo en vivo y nadie, en todo el país, se lo perdería. Sería uno de los hombres más afortunados del país. 

Cuando llegó la hora esperada, enfrente de todas las cámaras y los asistentes, ¡incluso del mismísimo presidente! rechazó la llave del avión presidencial. Todos se quedaron estupefactos y el silencio se adueñó de ese aeropuerto tan elegante.

—Es una broma, ¿verdad? —Susurró la chica que le estaba entregando el premio, —¡Tómala! —exclamó en forma autoritaria, pero el chico negó con la cabeza.

—¿Saben que es más importante que un regalo costoso? —Cuestionó a la audiencia. Sin embargo, todos parecían haberse quedado sin palabras, pues nadie concebía la idea de que ese chico estuviera rechazando el avión presidencial, ¿acaso estaba loco? —Un regalo con un gran significado. Mi primer avión fue de ese tipo y no saben lo feliz que estoy de tenerlo. Ayer estuve a punto de deshacerme de él, pero cuando estaba a punto de dar la llave me arrepentí, porque le prometí a alguien que nunca lo haría, esa persona ya no está viva pero conociéndola, sé que hubiera querido que aceptara lo que ustedes me están ofreciendo por todos los beneficios que tiene, pero no puedo. No quiero cambiar mi vida actual ni mi viejo avión, por algo material, algo hueco, algo vacío. Lo que yo poseo es más valioso que un avión presidencial, ¿y saben por qué? Porque cada una de sus partes, están hechas con nuestro sudor y nuestras lágrimas. En él, puedo verlo a él, se ha inmortalizado. También puedo verme a mi, abrazándolo. Seguro se estarán preguntando que quién es esta persona que me hace renunciar a tan grande premio, y quiero decirles que es mi profesor favorito: mi padre, el mismo que me enseñó que no se necesita, por ejemplo, un avión presidencial, para ser feliz si se tiene lo más importante: amor.

Anne Kayve

Imagen de ArtTower

8 comentarios sobre “El mejor avión

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    1. ¡Gracias por compartir tu texto! En unos días que tenga algo de tiempo lo revisaré, ¡Me alegra que mi texto te haya movido algo! Ese es mi gran objetivo, y entonces, por lo menos con este relato lo he logrado.

      ¡Un abrazo!

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