El pequeño elefante #52RetosLiterup (Relato 33)

Queridos lectores: ¡Hemos llegado al relato 33! ¡Qué emoción! Guardo la esperanza de que sí logremos terminar los retos, ¿Quieren seguirme acompañando en este mundo de las letras? ¡Adelante!

Reto: Haz que tu relato gire en torno a un cuaderno de dibujo.

Nelly dibujó un elefante. Uno muy pequeño, pues decía que quería verlo crecer. A mi me causó mucha ternura así que la anime a poner también en su cuaderno de dibujo algunas cosas para que comiera su nuevo amigo. Trazó con sus crayolas algunos alimentos y le dijo con ternura que ahí estaban, para que creciera grande y fuerte.

Después de ese día, empezó a llevar su cuaderno a todos lados. Yo le decía que era peligroso estar sacando a pasear siempre a su amigo, pero ella insistía en que quería que él conociera el mundo.

—Así podremos compartir anécdotas juntos —Aseguraba.

Yo le sonreía algo extrañada, pues los chicos de su edad se limitaban a cargar ositos de peluches o juguetes. Sin embargo, también me hacía sentir orgullosa de que fuera tan diferente a los demás. Sabía que iba a ser una gran dibujante algún día.

El día más lluvioso en la ciudad, ambas teníamos que salir a un museo. Le pedí que dejará su cuaderno de dibujo en la casa, seguro, pero ella se negó, argumentando de que su pequeño elefante tenía que ir con nosotros.

—Puede morir —Dije sin compasión, para hacerle entender que no era buena idea.

—¡No va a morir! ¡Es inmortal! —Exclamó y cruzó los brazos —Si no va, yo no voy.

Suspiré y no me quedó de otra más que llevarlo. Lo metió con cuidado a su mochila y fuimos corriendo al coche. Cuando llegamos, su gritó de horror me sobresaltó.

—¡Mi elefante! —Chilló —¡Está desdibujado!

Volteé a ver su cuaderno de dibujo y confirmé que se había cumplido mi mayor temor: se había mojado tanto que apenas se podía vislumbrar un pequeño elefante.

—Nelly, después puede dibujar otro.

—¡No, no, no! ¡Como él no hay dos! —Dijo en medio de lágrimas —¡No quiero ir! ¡No quiero!

Ahí fue cuando decidí que ambas podíamos quedarnos en casa. La bajé entre mis brazos y corrí de regreso. Cuando llegamos, aventó su cuaderno a la pared y se fue a su cuarto, llorando sin consuelo.

Estuve a punto de seguirla, cuando se me ocurrió una idea. Levanté su cuaderno de dibujo y, con mis pocas habilidades artísticas, dibujé un elefante, pero ahora uno grande.

Después, toqué a su habitación con ternura.

—¡No quiero ver a nadie! —Gritó —¡Vete!

Entré lentamente y la vi echa bolita en su cama.

—¡Mi elefante, mi elefante! —Lloraba.

—¿Sabes? Tu pequeño elefante sigue vivo, es sólo que ha crecido.

Se incorporó en la cama, algo confundida y yo abrí su cuaderno de dibujo.

Nunca olvidaré su cara de emoción al ver mi dibujo ni ese abrazo largo que me dio. Entonces, confirmé un pensamiento que había tenido antes, pero que no lo había creído tanto: las cosas más simples, son para los niños, las más increíbles y los adultos a veces olvidamos eso.

Anne Kayve

¿Te ha gustado mi relato? ¿Te gustaría apoyarme para seguir escribiendo? ¡Sólo entra a https://ko-fi.com/annekayve y descubre cómo! ¡Un abrazo a todos!

Imagen de 174695 en Pixabay

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