El viaje más largo de mi vida #52RetosLiterup (Relato 31)

Queridos lectores: En cuanto leí este reto, se me dibujó una sonrisa en el rostro. Creo que me divertiré mucho escribiéndolo. Espero todos lo disfruten, ¡Un abrazo!

Reto: Haz un relato sobre dos personajes que se odian y deben compartir un viaje largo en coche.

Mamá nos fulmina a ambas con la mirada antes de subir al auto.

—Quiero que se comporten —Nos pide con el tono autoritario que tanto me asusta —Son dos días de viaje y yo tengo que concentrarme en el camino. No puedo estar cuidándolas, ¿está claro, niñas?

Yo asiento de inmediato, pero Estrella cruza sus brazos en señal de rebeldía.

—Yo no pienso compartir el asiento con ella.

Mamá la mira algo molesta.

—¿Ahora por qué, Estrella? ¡Son hermanas! ¡Deben comportarse como tal!

—Ella no es mi hermana. Además, no hace más que molestarme —Aclara con un tono amargo en la voz —Desde que nació, dejaste de ponerme atención.

La mirada dura de mamá se transforma.

—No es así, cariño. Es sólo que Mimi necesita más cuidados que tú. Por lo menos, ahorita.

Estrella baja la mirada triste mientras mamá suspira y abre la puerta trasera del coche.

—Es hora de irnos.

Las dos nos metemos en silencio, sin mirarnos. Estrella siempre está enojada conmigo, tiene un don especial para encontrar algo malo en todas las cosas que hago. Tiene un odio innato hacia mí.

Mamá pone en marcha el automóvil y coloca un poco de música para pasar el rato. Creo que sabe que no tardaremos en discutir, porque no la ha puesto tan alta, para estar al pendiente de todo lo que digamos y hagamos.

Yo miró los miles de colores que pasan a través de la ventana e imagino miles de mundos e historias que hay allá afuera. Tanto anhelo ser más grande para explorar cada rincón del planeta… Como tengo algo de calor, bajo un poco la ventanilla.

—¡Mamá! ¡Mimi ya empezó a molestarme! —Grita Estrella, mientras yo volteo a verla, ¡No le he hecho nada! ¡Ni siquiera estaba mirándola!

Mamá la mira por el retrovisor, apretando los dientes.

—¿Qué hizo tu hermana?

—¡Bajó la ventanilla! ¡A propósito! ¡Sabe que eso me puede hacer caer gravemente enferma y no le importa! ¡Quiere que me muera para tenerte completita para ella!

—¡Mamá! ¡Tengo mucho calor! —Me defiendo, aguantando las lágrimas —No lo hice para dañarla…

—¡Claro que sí lo hizo a propósito!

—¡Qué no!

—¡Qué sí!

—¡Silencio! —Grita exasperada mamá —Mimi cierra esa ventana y Estrella deja de exagerar. Estás enferma pero no vas a morir por una ventana abierta.

Unas lágrimas de impotencia se adueñan de mis ojos y hago lo que me ordenó mamá. Después, volteo a ver a Estrella con resentimiento, ¿Por qué tiene que complacerla a ella? Mi hermana mayor me sonríe, satisfecha de la reacción de nuestra madre, como diciéndome que ella ha ganado esta batalla.

Ahí me doy cuenta que sea será el viaje más largo de mi vida.

Después de que mis lágrimas se han secado, me quedó profundamente dormida.

Me despierta una maldición de mamá.

—¿Qué pasa? —Pregunto somnolienta y desorientada.

—¡Se han metido a la fila! —Exclama mamá, claramente molesta —¡Todos tenemos hambre!

Confundida volteo a todos lados y me doy cuenta que estamos entrando a un lugar para pedir comida desde el auto. Ahí es cuando recuerdo lo hambrienta que estoy.

Cuando llegamos a la ventanilla, mamá pide hamburguesas de pollo y dos helados, los cuales nos los pasa enseguida. Estrella se lo come de un jalón mientras yo quiero guardarlo para después de comer.

Nos comemos las hamburguesas en silencio y cuando estoy a punto de disfrutar mi helado, Estrella vuelve a gritar.

—¡Mamá! ¡Mimi me quitó mi helado! ¡Dile que ella ya se comió el suyo!

Mamá me mira y me ordena:

—Dale su helado, Mimi.

Estallo en lágrimas y aviento el helado al parabrisas, cosa que hace que nuestra madre se distraiga y dé un volantazo peligroso. Pierde el control y está a punto de chocar con un vehículo que, afortunadamente, para en seco antes de darnos el golpe.

Cuando nos hemos librado, mamá estaciona el auto y empieza a llorar.

—¿Qué he hecho para que no se quieran? ¿No entienden que ambas tienen un pedacito de mi corazón?

Yo siento un nudo en la garganta. No me gusta ver a mi mamá tan derrotada. En esos momentos, me arrepiento de mi reacción. Creo que hubiera sido suficiente el haberle dado mi helado a Estrella.

El silencio se adueña de las tres por unos minutos y, cuando mi mamá está más tranquila, arranca el auto.

—¿Quieren otro helado, niñas? —Dice cuando pasamos por una heladería.

Ninguna de las dos decimos nada, pero ella se para y nos hace escoger el de nosotros. Yo pido de fresa, el favorito de Estrella. Después, subimos al coche. Mi hermana se come el suyo con ganas y, cuando veo que termina, le ofrezco el mío, el cual ni siquiera he probado.

Ella me mira confundida.

—Es tuyo. Siempre lo fue.

Unas lágrimas se adueñan de sus ojos y hace algo que jamás había hecho: me abraza. Ambas empezamos a llorar. Es en ese momento, estoy segura, en que ambas formamos el vínculo que jamás habíamos tenido: el de hermanas. Entendemos, por fin, que sólo nos tenemos la una a la otra y que en lugar de estar peleando, debemos apoyarnos, en todo. En todo.

Anne Kayve

Imagen de ErikaWittlieb en Pixabay

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