El despertar #52RetosLiterup (Relato 19)

Queridos lectores: hay veces en que escribir me devuelve a la vida y, otras, me ayuda a ni siquiera dejarme caer. Es por ello, que escribo para vivir y vivo para escribir, ¡Les mando un abrazo gigante a todos! Deseo con todo mi corazón que sigamos leyéndonos.

Reto: Haz un relato sobre varios personajes encerrados a causa de una ventisca.

Alejandra despertó de, al parecer, un sueño muy inquieto y profundo y se talló los ojos para obligarlos a observar su alrededor con claridad, pues no sabía por qué los sentía extraños, como si tuvieran una ligera capa que le impidiera ver bien.

Esa acción no mejoró su visión, pero sí le ayudó a darse cuenta que estaba acostada en el piso con dos niños que no conocía, los cuales seguían en trance. Uno era un niño y la otra una niña.

Asustada se levantó de sopetón y buscó con rapidez una puerta. Cuando lo hizo, corrió hacia ella e intentó abrir, pero no pudo porque estaba cerrada con llave.

Entonces, se asomó en la primera ventana que encontró y se le hizo un nudo en la garganta cuando se dio cuenta que una gran ventisca estaba cayendo afuera. Aunque lograra abrir la puerta, no se podría marchar de esa especie de cabaña tenebrosa.

Se mordió el labio nerviosa, pero un sonido la hizo volverse hacia los cuerpos dormidos. Otra persona acababa de despertar. Era una pequeña niña de cabello rubio, pecas y ojos azules.

Ambas se observaron unos momentos y, después, la chiquilla empezó a llorar, presa de un auténtico pánico y miedo.

—¿Dónde está Liz? ¿Dónde está?

Alejandra, al ver que no era peligrosa, se acercó a abrazarla, pues le recordó a su hermana pequeña, la cual había muerto hace tiempo.

—Tranquila, nena. ¿Quién es Liz? —Le preguntó acariciando su largo cabello.

—¡Mi hermana! Estábamos en la calle, el señor misterioso nos dio una galleta, la comimos, nos invadió un cansancio horrible y, y, y ahora desperté y estoy aquí, ¡Pero ella no está!

—La vamos a encontrar, ¿sí? A lo mejor despertó antes que nosotros y fue a explorar este lugar…

—¡No! Porque todo está oscuro y ella detesta la oscuridad, ¡No está, no está! ¡Simplemente no está!

Ale la atrajo hacia ella y la abrazo fuerte, para que se tranquilizara. Después de algunos minutos, se quedó dormida en sus piernas.

Alejandra la miró con ternura y empezó a sentir que todo saldría bien, que su misterioso despertar se resolvería y que todos ellos saldrían de ahí. Sin embargo, un fuerte grito la hizo sobresaltarse. Era el otro niño, con cabello negro y ojos del mismo color, que acababa de despertar. Era un poco más pequeño que la chica.

—¡Mamá! ¡Mamá!

—Tranquilo, pequeño, ¡Ven! —Le dijo extendiéndole sus brazos.

Él la miró con desconfianza al principio, pero al ver a la niña en sus piernas, se acercó y dejó que lo mimara. Después, también entró en un profundo sueño.

Ale los observó, aún sintiendo raros sus ojos. Después, trató de recordar cómo había ido a parar ahí, pero no conseguía hacerlo. Sólo recordaba lo mismo que la niña: una galleta, pero ¿quién se la había dado? ¿y por qué?

De repente, el aire empezó a soplar más fuerte, ocasionando que el frío empezara a calar sus huesos. Hizo de lado a los niños y fue a acostarlos a una cama que había en el rincón.

Después de algunas horas, se fue a asomar de nuevo a la ventana y se quedó sin aliento cuando vio a lo lejos una pequeña niña con un vestido rojo y con una chamarra blanca, y una lámpara en la mano. Aunque no la conocía, casi estaba segura que era Liz, ¿estaba buscando a su hermana? ¿había ido a rescatarlos?

Por unos momentos, se alegró pero conforme se fue acercando su corazón empezó a alterarse, pues sus ojos eran cadavéricos y el color de su piel no era normal. Ale se fue corriendo hacia los niños, para protegerlos de ese espectro.

Pasó poco tiempo para que alguien tocara la puerta y Ale se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Sin embargo, apretó más los ojos y se aferró a los pequeños que se encontraban con ella. Entonces, escuchó como la puerta chirrió. Luego, alguien tocó su hombro y ella abrió los ojos lentamente.

Vio a la misma niña, con un poco más de claridad. La tela en sus ojos se había desvanecido.

—Gracias, Alejandra. Por guiar a mis hermanos aquí. Necesitábamos un adulto que lo hiciera y el señor misterioso te eligió a ti. No sabíamos si lo lograrías, pero has ganado su confianza, así que elegimos bien —Le dijo mientras le sonreía —Ahora puedes regresar a casa.

Entonces, Alejandra perdió de nuevo el conocimiento y, cuando despertó, se encontraba en la misma casa de esa cabaña, pero nadie la acompañaba, más que sus recuerdos y el sentimiento de que esa imagen espectral seguía ahí, ¿había sido una alucinación, un mal sueño, algo real? Ale nunca lo sabría, pero estuvo cerca de la muerte. Ella se la iba a llevar si le desagradaba a los niños, pero, en cambio, ganó su confianza, y con ello una segunda oportunidad.

Anne Kayve

Imagen de Comfreak en Pixabay

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