El guardián de la montaña rusa (Parte 12)

Queridos lectores: Sé que me demoré un poco, pero por fin está la continuación de “El guardián de la montaña rusa”. Espero lo disfruten y pasen un hermoso lunes.

Luis, con toda la fuerza que aún le quedaba, sacó a Thomás de la camilla y lo colocó, con todo el cuidado que pudo, en el primer escalón de la escalera de caracol descendente para bajar primero la camilla y, luego, a su amigo.

Al principio, cuando había abierto la puerta, se le había hecho raro que todo descendiera, pues pensó que ellos se encontraban en el último piso de la atracción. Sin embargo, se había equivocado. Aún había más y más metros hundidos en la tierra, ¿qué secretos escondería el lugar al que se dirigían?

-Tendré que ir primero yo, pero prometo volver por ti -Le dijo y empezó a empujar la camilla escaleras abajo. No obstante, era tan pesada que terminó soltándola. Cerró los ojos cuando escuchó su impactó al chocar con algo. Luego, intercambió una mirada preocupada con su amigo, ¿y sí se había destrozado? De ser así, Luis tendría que huir con su amigo a rastras.

-Perdón, no… no era mi intención.

-No… no t…te pre…preo… preocup… preocupes -Logró decir su amigo y Luis se acercó a él. Después, puso el brazo que le quedaba sobre su cuello y ambos empezaron a bajar lo más rápido que podían.

Después de dar tres vueltas, Luis se empezó a preocupar, pues sentía que estaban descendiendo más de lo esperado, ¿y si haya abajo era un cuarto sin salida? Podía bajar con Thomás, sí, pero dudaba poder subirlo de nuevo. No obstante, también le aterraba dejarlo ahí, a la mitad.

Un portazo proveniente del calabozo, lo hizo apretar el pasó: los habían descubierto y no tardarían en ir tras ellos. Tenían que salir de ahí e ir con su tío, él los ayudaría, ¡él sabría cómo! Era un adulto ¿no? y los adultos siempre sabían cómo salir de los problemas.

-¡Pequeño guardián! ¿No has entendido que esto es algo de lo que no puedes escapar? -Gritó la voz furiosa del guardián de la casa embrujada. Sus pasos cada vez se escuchaban más cerca.

“Estamos perdidos” Pensó Luis, cuando resbaló con Thomás. Afortunadamente para ambos, habían llegado a los últimos escalones, por lo cual no se hicieron mucho daño.

Cuando miraron a su alrededor, Luis deseó no haber salido del calabozo, pues ahí, en ese sótano maldito, no había más que huesos y cadáveres de niños mutilados. Su estómago se revolvió de nuevo y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no vomitar. De repente, sus energías lo habían abandonado de nuevo y la oscuridad se volvía a apoderar de su mente hacia el desmayo total.

Anne Kayve

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Imagen de jing shi en Pixabay

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