El comienzo

Queridos lectores: Bien, hoy ha llegado el momento de confesarles algo más de mí: antes mis escritos eran sólo de amor, pero últimamente he perdido esa costumbre. Hoy decidí retomar ese género con la esperanza de que, esta vez, mis escritos tengan un mejor matiz. ¡Feliz sábado!

Mayra observó, discretamente y por encima del libro que estaba leyendo, al chico que todos los martes y jueves se sentaba justo en la banca contigua a la suya.

Le parecía curioso que siempre tuviera el mismo libro azul, pero como jamás habían cruzado ninguna palabra, no tenía el valor suficiente para preguntarle la razón de su elección. Si tan sólo fuera más segura en si misma, esa duda habría sido resuelta hace algunos meses.

Después de unos minutos, el muchacho se levantó y dejó el libro en el montón que correspondía para que los bibliotecarios lo llevarán a su lugar correspondiente.

Mayra, al ver que el chico salía por la puerta principal, dejó a un lado sus cosas y se levantó rápidamente para ver, aunque sea, el título de ese libro que tanto le había causado curiosidad.

Cuando estaba a punto de cogerlo, un bibliotecario empezó a husmear en el montón para ver qué libros había que regresar a su sitio para que futuros lectores los pudieran disfrutar.

Mayra maldijo en voz baja, lo cual atrajo la atención del empleado.

-¿Todo bien?

-Sí… digo, no -Respondió nerviosa. No le gustaba mucho el contacto humano y, mucho menos, cuando sabía que iba a hacer algo indebido -Es que me arrepentí de dejar mi libro y quería checarlo de nuevo -Continuo y se mordió la lengua como castigo por su mentira.

-Ah, está bien. Puedes tomarlo.

La chica agarra el libro azul sin dudar y regresa al sitio en donde dejó sus cosas. Su corazón estaba latiendo desbocado y ella respiró profundo para tratar de controlarlo.

Después, se concentró de nuevo en el dichoso libro que la había llevado a esa situación. Para su decepción, se dio cuenta que era nada más y nada menos un tonto diccionario.

-¿Tanto para esto? -Susurró incrédula, odiando a ese atractivo muchacho que la traía loca.

Estuvo a punto de devolver el libro tal y como lo había encontrado, pero tuvo una corazonada así que lo empezó a hojear. Su corazón casi se detuvo cuando se dio cuenta que en la esquina superior derecha de la primera página habían letras pequeñas que formaban el nombre de Diego Blas y unos dígitos de (los contó) un celular.

Emocionada anotó el número y decidió enviarle un mensaje. Quizá no pertenecía a ese chico pero no perdía nada con intentarlo así. Apretó el botón de enviar y dejó su celular sobre la mesa como si quemara, pues una sensación de arrepentimiento la empezó a embargar de inmediato.

Después de unos minutos, su celular vibró para avisarle que había recibido un nuevo mensaje de texto. Ella lo agarró de inmediato para abrirlo. No sabía por qué pero tenía la certeza que era de Diego.

-Sabía que ibas a escribir, chica de libros. Sé que suena tonto pero siento que ya te conozco lo suficiente como para afirmarlo. Te he observado por meses.

Mayra sonrió como una boba, ¿Cómo un simple mensaje la podía hacer sentir tan llena y feliz? De repente, escuchó la voz de su madre en la cabeza: «No hables con desconocidos, pueden esconder malas intenciones», pero Diego no era precisamente un desconocido ¿o sí?

A pesar de las dudas que tenía de él, decidió contestar su mensaje, sin sospechar que eso no sería más que el comienzo de una gran historia de amor:

-Chico del libro azul, yo también siento que ya te conozco, ¿Me dejas reafirmar mis conocimientos?

Esa noche Diego y Mayra durmieron con una sonrisa en los labios sin saber que a partir de ese momento empezarían en su vida una serie de hechos infortunados y tristes, que siempre acompañan a un gran e importante amor.

Anne Kayve

Imagen de Ichigo121212 en Pixabay

6 comentarios sobre “El comienzo

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