Quédate

Queridos lectores: hoy aquí en México es el día del padre. Por ello he decidido escribir algo relacionado con eso. Espero que les guste.

Cuando veo que mi padre está a punto de cruzar las puertas del zaguán principal con sus maletas, corro detrás de él. No, aún no es momento que se marche de mi vida y mucho menos cuando apenas nos empezábamos a llevar bien.

Alcanzó a agarrar su mano y él voltea a verme confuso.

-Quédate, por favor -Suelto sin pensarlo.

-Pensé que querías que me marchara… -Empieza a susurrar y sus ojos se ponen llorosos.

Él tiene razón, llevo días diciéndole que ya me tenía harto y que era mejor que se fuera de mi vida antes de que ocurriera algo malo de verdad.

-Lo quería pero al verte con tus maletas, he cambiado de opinión. Por favor, quédate. Te necesito, papá.

Esa última palabra hace que pequeñas lágrimas asomen por sus ojos pues hace ya diez años que no lo llamaba así.

Entonces, nos fundimos en un abrazo. Sé que ambos estamos heridos pero también tengo la seguridad de que ambos podremos lidiar con cualquier problema si estamos dispuestos a hacerlo.

-¡Te amo, hijo! ¡Te he amado desde el primer momento en que te vi! Desde que con tu mano diminuta me hacías dar vueltas por la casa para ayudarte y enseñarte a caminar.

Ambos nos apretamos más fuerte. Ese es mi papá, el que a pesar de que mi mamá murió cuando yo era pequeño, nunca se rindió.

Anne Kayve

Imagen de Olichel en Pixabay

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