¿Y si pierdo?

Queridos lectores: si les soy sincera, hoy no tenía muchas ganas de escribir. Por una parte, porque nada venía a mi mente y, por otra, porque siento que estos últimos días mis textos no son tan buenos. Sin embargo, sé que muchos días pasaré por estos sentimientos y que no por eso son reales. La práctica hace al maestro ¿no? Espero que con cada día, con cada texto, pueda mejorar como escritora. No me queda más que agradecerles por seguir aquí. Anne Kayve

-Baja Johnny, ha llegado el momento -Le dijo Rebeca a su hijo de siete años mientras tendía una mano hacia adentro del carro para ayudarle a salir. Por alguna razón, la energía que él había tenido durante toda la semana se había esfumado en esas últimas horas. Entendía su preocupación pero era una simple carrera y no pasaba nada si no llegaba en los primeros lugares.

-¡No! ¡No voy a bajar! ¡No quiero hacer el ridículo! -Respondió y cruzo los brazos como señal de que estaba hablando en serio.

-Bueno, si no quieres bajar, entonces yo subo -Dijo y se sentó a su lado, en el asiento trasero del auto -¿Qué pasa, cariño? Todo el mes has estado entrenando para este día.

-Sí pero Tiny me ha dicho que es mala idea así que ¡abortemos misión! ¡Ya podemos irnos a casa! -Anunció mientras su mirada estaba clavada en la ventana.

Tiny era el amigo imaginario de Johnny y, por lo regular, siempre le daba consejos acertados pero está vez se había equivocado. No quería atacarlo por miedo a que su hijo se desanimara así que tenía que ser cautelosa con sus palabras.

-Cariño, mírame.

El niño pequeño la vio de reojo y, de inmediato, regreso su mirada a la ventana. No, no podía hacerlo sin echarse a llorar, ¿cómo hacerle entender su gran miedo a perder? El tonto Gordón Jeckty, un chico un año más grande, le había dicho que si lo hacía su madre lo iba a dejar de querer y él no quería eso, ¡No, señor! Mejor no competir.

-Johnny, esta vez Tiny no tiene razón. Siempre es buena idea intentarlo, ¿sabes?

-¡Pero si no llego a la meta me vas a dejar de querer! -Grito y volteo a ver a su madre con unas pequeñas lágrimas en sus ojos. Rebeca se acerco para abrazarlo. El niño pequeño se aferro a su cuerpo, como si ese fuera su único refugio.

-¡Jamás dejaré de quererte, mi amor!

-Pero… ¿y si pierdo?

-Podemos volver a intentarlo. Estamos juntos en esto, ¿lo recuerdas? -Le susurró al oído y luego beso su frente -No hay nada que nos pueda detener.

Johnny, conmovido, la abrazo más fuerte y, en seguida, tomo su pequeña botella de agua.

-¡Vamos, mamá! ¡Hay una carrera de ganar! -Grito entusiasmado y bajo rápido del carro para que no se les hiciera más tarde. Tenía confianza en que si no ganaba, por lo menos, con intentarlo haría sentir orgullosa a su madre. En eso, no estaba dispuesto a defraudarla.

Anne Kayve

Imagen tomada de Free-Photos en Pixabay

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