Sin retorno

Queridos lectores: ¿Alguna vez han estado tan tristes y frustrados que no tienen otro pensamiento más que la muerte? De cierta manera, creo que es normal dado que somos seres que sienten, disfrutan y padecen cada una de sus emociones. Sin embargo, no debemos olvidar que al final de todo puente oscuro siempre habrá una luz que nos llevará a la felicidad. El siguiente relato “Sin retorno” fue escrito en un momento de desesperación y desesperanza. De todo corazón, espero que les guste. Gracias por seguir ahí, a la distancia, leyéndome. No saben lo mucho que eso significa para mí, Anne Kayve

Marisol, cuando se percató de que por fin habían llegado a un tramo de la autopista vacío, con curvas y niebla, se quitó los audífonos y, con el corazón latiendo a mil por hora, se colocó detrás del asiento del conductor.

Su padre, que era el que manejaba, no se dio cuenta de su movimiento repentino ya que pensaba que las pastillas para dormir que le había dado seguían haciéndole efecto.

Desgraciadamente para ambos, aún les quedaban un par de horas de viaje para llegar a la casa de Lily, la madre de Marisol.

Por alguna razón que él no entendía, ya quería deshacerse de ella pues el poco tiempo que pasaron juntos él notó ciertas actitudes que no lo dejaron dormir. Era como si cada que ella lo miraba, quisiera matarlo por haberse separado de su madre.

Todo el viaje intentó convencerse de que esas miradas perversas eran imaginaciones suyas pero una foto que se habían tomado juntos había demostrado que no era así. Se sentía estúpido por tenerle miedo a su propia hija pero mientras antes la dejara con su madre, más tranquilo se sentiría.

De repente, volteó a ver el retrovisor para asegurarse de que ese pequeño demonio seguía quieto y se alarmó cuando se dio cuenta que estaba detrás de su asiento.

-Mary, ¿No quieres pasarte aquí adelante? Para que estés a mi lado -Le preguntó con nerviosismo. La verdad, prefería tenerla en el asiento del copiloto para no quitarle la vista de encima.

-No, papi. Estoy bien aquí -Respondió la niña de 9 años, con un poco de malicia en la voz pues sabía que ya lo había puesto alerta y que no podía dejar de mirar cada uno de sus movimientos.

-Por favor, Mary. Así podremos platicar más a gusto, lo prometo.

-Yo no quiero platicar, quiero dormir -Dijo la niña, se recargó en su asiento y cerró los ojos.

Héctor, algo tenso, se aferró al volante y siguió manejando, ¿Por qué no le había dado las pastillas suficientes para que no despertara en todo el camino? De cuando en cuando, seguía viendo el retrovisor, por si acaso.

Marisol entreabrió un ojo, miró por la ventana y, cuando se percató que ya habían llegado al tramo de carretera más solitario (lo había investigado en Internet) se sentó bien en su asiento y, con un movimiento rápido, tapó los ojos de su padre.

Nadie volvería a lastimar a su madre. Nadie, nadie, nadie.

Héctor reaccionó tarde a ese movimiento y, con frustración, en lugar de apretar los frenos, piso a fondo el acelerador, llevando a ambos a un viaje que está vez no tendría retorno: la muerte.

Anne Kayve

Imagen de markusspiske en Pixabay

4 comentarios en “Sin retorno

  1. Excelente relato. Con una pizca de misterio, incertidumbre. Una reacción, un momento. Nada más duro y difícil para una infante ver el maltrato al que someten a su madre. Me gustó mucho. De mi parte un fuerte abrazo.

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