Despedida

Queridos lectores: les quiero confesar que estos días no me he esforzado mucho en hacer un texto largo porque, en parte, me da miedo que fluyan todos los sentimientos que desbordan cada centímetro de mi piel últimamente. Sin embargo, sé que no puedo seguir evadiendo cosas y que ha llegado la hora de atreverte a mostrar todo lo que llevo dentro. Con ustedes “Despedida”.

Hoy es el último día oficial de la universidad e Isabel sigue sin hablarme.

No me ha dirigido la palabra desde que terminamos y nuestros encuentros se han limitado a ignorarnos en las clases que compartimos juntos. Al principio, eso me devastó pero poco a poco me fui acostumbrando ya que me aferré a la idea de que por lo menos aún podía seguir viéndola.

La rutina de cada clase juntos consistía en que alguno de los dos buscara al otro con la mirada y que, después éstas se quedaran conectadas unos cuantos segundos. Puede sonar exagerado pero, en aquellos momentos, eso era suficiente para mí: yo aún seguía existiendo en su vida.

Sé que aunque ella decidió terminar, aún me quiere y que la ruptura también le ha afectado. De hecho, me pidió que fuéramos amigos pero no acepté porque ambos sabemos que eso sería mentirnos. Nunca nos conocimos en esa faceta así que yo estaba consciente que si aceptaba me iba a quedar atrapado en ese círculo vicioso pues yo esperaría cada día que ella cambiara de opinión y hoy, más que nunca, sé que no lo va a hacer. No podía hacerme daño yo mismo, por más que la amara así que nos volvimos “desconocidos”.

Acepté eso por los días restantes que nos quedaban de la universidad pero hoy ya no puedo más. Tengo que hablar con ella. Tengo que despedirme y darle un último abrazo que me cobije el alma. No quiero dejarla ir pero sé que nuestros caminos están separados así que prefiero que me regale una última sonrisa y unas últimas palabras.

¿Debo? ¿No me partirá más el corazón? ¿No es mejor sólo ver cómo se aleja de mi y de mi vida en cuanto el profesor nos dejé salir?

-Chicos, recuerden que esto sólo es el comienzo de su vida, ¡Ya pueden irse!

Esas palabras me sacan de mis pensamientos y volteo a ver a Isa, la cual está guardando sus cosas. No, no puedo dejarla ir así sin más. Debemos hablar, no me quedaré tranquilo si no lo hago así que cuando veo que ya está cruzando la puerta, la alcanzó, le tocó el hombro y ella me voltea a ver.

Nuestras miradas se cruzan y es inevitable que terminemos en un abrazo de esos que siempre me han llenado el corazón hasta en los momentos en que me sentía más vacío. Fue ahí en que supe que sí, que nuestros caminos se iban a separar pero que nuestras almas estarían enlazadas… para siempre.

Me tomó del brazo y en el momento supe a dónde me guiaba: hacia nuestra última plática. Tengo miedo pero sé que ambos lo necesitamos, independientemente de si las cosas salen bien o mal.

Anne Kayve

Imagen de StockSnap en Pixabay

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