La reina de Milvaes #52RetosLiterup (Cuarto relato)

Queridos lectores: soy culpable, lo confieso. He estado resistiéndome a escribir este cuarto relato porque no me sentía preparada para él pero hoy un pensamiento me invadió cuando desperté: Anne, ¿Realmente vas a esperar a estar lista? ¡Atrévete a buscar tu inspiración y no permitas que ella te maneje! Y bueno, lo logré. Con ustedes, señores y señoras, “La Reina de Milvaes” (Está permitido aplaudir).

Reto: Haz un relato en el que tu protagonista, una herrera, realice el viaje de la heroína

-¡Leyla! ¡Leylaaaa! -Gritó Elena al entrar al taller de su hermana mayor- ¡LEYLA! ¿¡Dónde estás!? ¡Está pasando! ¡El rey ha muerto y el torneo empezará mañana! ¡No hay tiempo que perder! ¡Prepárate!

La herrera abrió mucho los ojos al escuchar esas palabras y, luego, con discreción dejó las herramientas que estaba ocupando en esos momentos. Ya acabaría después. Por ahora, solo quería escapar de su hermanita y el único camino que tenía para hacerlo era la puerta trasera, ¿qué no entendía? Ella no tenía las agallas de participar en ese estúpido torneo y menos cuando la mayoría de los participantes que lo constituían iban a ser hombres.

-¡Hey! Leyla, ya te vi. No puedes escapar de esto. Hazlo por mamá, por favor -Dijo la niña pequeña acercándose al lugar en donde Leyla se estaba escondiendo -Sabes que si yo tuviera la edad, lo haría sin pensarlo pero no puedo. Eres la única esperanza de la familia.

Los grandes ojos azules de su hermana la miraron suplicantes, ¿cómo hacerle entender que no podía? ¿que no era capaz de salir victoriosa?

-Mamá confiaba en ti. Fue lo último que te pidió en el lecho de muerte, ¡No puedes fallarle!

-Lo sé, pequeña -Dijo mientras se inclinaba ante ella para que pudieran estar en la misma estatura- Sé que ella no quería que yo fuera una simple herrera pero creer que yo puedo ganar y convertirme en la Reina de Milvaes es algo utópico ¿no crees?

Ella le sonrió y negó con la cabeza lentamente.

-Tal vez en el bosque de los espíritus puedas encontrar la luz, Leyla -Le dijo mientras la abrazaba, luego le susurró al oído -Quizá está vez sí puedas ver a mamá.

Eso último tomó desprevenida a la herrera ya que pensaba que nadie sabía de sus caminatas nocturnas a la luz de la luna en aquél lugar, en las cuales sí, buscaba encontrar el alma de su madre ambulando por ahí pero jamás había tenido tal suerte.

Elena se dio cuenta de su sobresalto y, como respuesta, le dio un beso en la mejilla. Después, la soltó dispuesta a irse para dejarla reflexionar sobre su participación en el torneo.

-La presentación de los participantes es mañana al amanecer. Todos esperamos verte ahí -Susurró la pequeña y, sin dejar que su hermana mayor dijera algo más, se fue corriendo con dirección a la casa.

Leyla, algo aturdida, se dispuso a terminar las últimas piezas que aún estaban pendientes. No sabía si iba a participar, pero, por si acaso, quería dejar todo terminado.

Cuando dio la hora de comer, en lugar de ir con su padre y su hermana al comedor, se dirigió al bosque. Necesitaba que su madre le diera las fuerzas necesarias para enfrentar ese reto. Sabía que era peor ni siquiera intentarlo pero odiaba que todos tuvieran tantas expectativas sobre ella pues lo que menos quería hacer era decepcionar a alguien.

-¡Mi querida hija! ¡Sabía que te vería aquí! -Susurró una voz atrás de ella y Leyla volteó espantada ya que jamás imaginó que su madre sería la que haría el primer contacto.

Ella se encontraba recargada en un árbol robusto y mágico, que escondía en él la magia de los recuerdos. Era el favorito de ambas cuando ella aún vivía.

A Leyla le dieron muchas ganas de acercarse a ella pero conocía las reglas del bosque: cualquier contacto físico con algún espíritu ocasionaría que éste quedará atrapado en el inframundo, en el cual todos estaban destinados a sufrir por toda la eternidad.

-¡Mamá! ¡Todos estos meses te he buscado! ¿Por qué te fuiste? ¡Aún te necesito! ¡No estoy lista!

-Amor, tu estás lista para ser la reina de Milvaes desde que naciste. Yo me sacrifiqué por ti pues di mi vida para que pudieras tener más oportunidades de vencer en ese torneo.

¿¡Qué!? ¿Eso quería decir que su enfermedad no se había dado por una causa natural? ¡Claro! Eso explicaba sus largas ausencias antes de que cayera mortalmente enferma.

-¿Por qué hiciste eso? -Le reclamó incrédula y enojada. En verdad, no le hubiera importado no ganar en ese torneo si ella hubiera seguido viva.

-Porque, mi vida, tú mereces ser una reina y no una simple herrera. Sé que lo lograrás. Confío en ti.

-¡No estoy lista! -le gritó desesperada pero fue demasiado tarde pues ella ya había desaparecido.

Se hincó y, rodeada de ese bosque lleno de espíritus, entendió que ahora ya no tenía otra opción más que la de participar. La muerte de su madre tenía que valer la pena aunque no hubiera sido su decisión tomar aquel camino.

Regresó a casa pero, en lugar de dormir en su habitación, decidió ir al taller pues sentía que en él podía encontrar las fuerzas que le faltaban para asistir el día de mañana. Estaba consciente que estaba a la altura de todos los demás participantes a pesar de ser mujer pero nadie sabía qué reto iba a pedir la mano derecha del rey. Podía ser prácticamente cualquier cosa.

Pasó una mala noche soñando con su madre y sus palabras de que todos confiaban en ella, de que no tenía derecho a fallar. Minutos después de que pudo conciliar el sueño, Elena entró a la herrería con gran emoción y la despertó.

-¡Ya voy! ¡Ya voy! -Le respondió y, ante su mirada insistente, se puso la ropa que iba a portar en el torneo.

Ambas salieron tomadas de la mano del taller y se dirigieron al castillo real, el cual sería el testigo del nacimiento de un nuevo rey o reina.

Su padre no iba con ellas porque estaba demasiado débil y enfermo como para caminar así que ambas se aferraron a la mano de la otra ya que era el único refugio que les quedaba.

-¡Los participantes a la derecha! ¡El público a la izquierda! -Indicaba un oficial real en la entrada del recinto.

Leyla se inclinó y besó la cabeza de su hermanita menor. Era hora de enfrentar su destino. Ella la abrazó y le susurró que ella era capaz de derrotar a todos si se lo proponía.

Respiró profundo y se adentró hacia el salón principal del castillo. Al parecer, no era la única nerviosa y al borde del llanto ya que todo tipo de personas estaban en aquél lugar. Desde niños hasta ancianos, hombres y mujeres. Eso la sorprendió pues el rey había sido muy específico en su interés de que la mayor parte de los participantes fueran hombres. Sin embargo, jamás mencionó que las mujeres tuvieran prohibido estar ahí.

Cuando los primeros rayos del sol empezaron a cubrir el castillo, los formaron en fila y los dirigieron al patio principal, que era donde se iba a llevar a cabo el torneo. Todos los participantes hicieron una fila enfrente de la gran estatua que se había hecho en honor al rey. Estando ahí, Leyla empezó a sentirse capaz de vencer. Por alguna extraña razón, por primera vez, desde que su madre murió su confianza en ella misma regresó.

-¡Bienvenidos, habitantes de Milvaes! Hoy ha llegado el día de elegir a nuestro nuevo rey- Pronunció la mano derecha del rey que acababa de morir y alzó ambos brazos para señalar el cielo – Era la voluntad de nuestra majestad que, como no tuvo hijos, se realizará este torneo y ya lo saben: el ganador se convertirá en el rey legítimo de este poblado, ¿están listos para descubrir quién será el afortunado?

Un grito del público sonó de manera estremecedora y llenó todo el lugar.

-El reto es encontrar a la persona que ame lo que hace y se haya tomado el tiempo de desarrollar su habilidad a tal punto de que se haya convertido en la mejor de su materia.

Ante esas palabras, Leyla sonrío y, por fin, se sintió con las energías suficientes para voltear a ver a las personas que habían asistido al evento. Estaba nerviosa pero ella cumplía con los requisitos que acababan de mencionar. Quizá, sí tenía una remota posibilidad de convertirse en reina.

La fila empezó a pasar y Leyla se vio envuelta en los nervios y el pánico de nuevo. Entonces, cuando menos lo esperaba, ya era su turno.

-Leyla Milkne -Anunció la mano derecha del rey y un silencio sepulcral lleno el ambiente. Todos la conocían ya que sus trabajos de herrería sobresalían en esa pequeña comunidad.

Las herramientas de su taller ya estaban en el centro del patio, esperando a que ella empezara a hacer uso de ellas. Tenía la libertad de hacer lo que quisiera así que cerró los ojos unos segundos y, cuando los abrió, supo qué realizaría.

Desgraciadamente, como tenía tanto miedo de cometer algún error, se quemó en el brazo de manera considerable. El dolor la hizo soltar lo que estaba ocupando pero trato de disimular, lo levantó y siguió trabajando con su obra de arte.

Después de unos minutos, se detuvo porque su madre había aparecido ante ella. Por alguna extraña razón, tenía la certeza de que nadie más la podía ver.

-Leyla, casi lo tienes. No te detengas. No ahora -La animó y empezó a girar a su alrededor -¡Tú lo eres, hija mía! ¡La nueva reina de Milvaes!

La herrera dibujó una sonrisa en su rostro ya que sintió que con las palabras de su mamá por fin había conectado consigo misma y que la inspiración se estaba adueñando de su cuerpo así que simplemente se dejó llevar.

Cuando terminó, le enseñó a todos su creación: una pequeña figura del rey, muchos exclamaron sorprendidos y, otros, impresionados por sus habilidades y la extraña felicidad que se veía en ella.

La mano del rey la obligó a regresar al lugar de espera y los demás participantes pasaron. No quería estar tan atenta a sus contrincantes así que sólo se puso a pensar en su madre, la cual había desaparecido tras haber mostrado su trabajo terminado.

-Ha llegado el momento de que el rey nos muestre al ganador -Anunció la mano del rey y señalo hacia la entrada principal, en la cual, el espíritu del rey que acaba de morir se encontraba de pie.

Nadie se esperaba que él asistiera a ese evento ya que, por ser de la realeza, el podía ir directamente al camino del paraíso, sin pasar por esa prueba del bosque de los espíritus. Sin embargo, ahí todos los habitantes de ese pueblo se dieron cuenta de lo importante que eran para él.

-¡Pueblo de Milvaes! He observado la participación de cada uno y he seleccionado a mi sucesor. Por favor, Leyla Milkne, da un paso enfrente.

Leyla sintió como si el alma se le fuera del pecho y acató la orden que le acababan de dar, ¿había escuchado bien? ¿lo había logrado? ¿había ganado?

-Pueblo de Milvaes -Repitió el espíritu del rey -Les presentó a la nueva reina de Milvaes.

Tras esas palabras, el espíritu desapareció, ante la mirada perpleja de todos y, tras un sonido de las trompetas reales, todos se hincaron ante Leyla. Ella sintió ganas de huir a su pequeña herrería y esconderse ahí para siempre. No, no estaba preparada para asumir ese rol…

-¡Viva la reina de Milvaes! -Empezó a gritar Elena, su hermanita, y los demás la imitaron. Eso le devolvió las fuerzas, claro que ella era capaz de gobernar ese territorio. Nadie la podría vencer mientras lo hiciera con total convicción y entregara todo su corazón.

Por fin, la vida de su madre había valido la pena.

Miro hacia el cielo y le agradeció con lágrimas a los ojos. Sabía que era el último mensaje que le daría así que se abrazó a sí misma y luego volteó a ver a su pueblo.

-Pueblo de Milvaes, ¿están listos para ver de todo lo que son capaces?

Los vítores que le lanzaron le hicieron saber que así era por lo que alzó las manos hacia ellos y después las colocó en el suelo.

-Bienvenidos a la nueva era -Soltó y todos imitaron sus movimientos. Sabían que así era.

Anne Kayve

Imagen tomada de weinstock en Pixabay

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