Recuerdos arrancados de la lluvia

Para mis lectores: Hoy decidí incursionar en mis archivos de la computadora y encontré este texto que escribí para una tarea de una materia del segundo semestre, hace ya tres años. Espero, que como yo, la disfruten y me cuenten en los comentarios ¿a ustedes les recuerda a alguien la lluvia?

De repente, a pesar del tiempo, cuando Mauricio acude a mi mente, vuelvo a revivir algunos acontecimientos malos que viví con él. Desgraciadamente, fueron justamente esos sucesos los que hicieron que nos perdiéramos uno al otro.  

Últimamente, gracias a que ya pasaron dos años que no sé de él, no suelo recordarlo con mucha frecuencia pero hace algunos días, gracias a la terrible lluvia que azotó la ciudad, regresó a mi mente ya que el día que me di cuenta que lo había perdido estaba lloviendo.

En las largas vacaciones que tuvimos antes de entrar a nuestro último año de preparatoria, a ambos nos pasaron cosas que nos hicieron cambiar de manera drástica y, desgraciadamente, no tuvimos al otro para apoyarnos. Nos abandonamos a tal punto que el final de nuestra amistad se debió a miles de reproches cargados de odio. Por primera vez, nuestros problemas no fueron compatibles.

El día que me di cuenta que todo había acabado, salí de mi clase con la esperanza de verlo. Quería abrazarlo, decirle que lo quería y convencerlo de que nuestras peleas de los últimos días sólo habían sido una etapa de nuestra amistad que podíamos resolver juntos. Hablando, pidiendo perdón, aclarando sentimientos.

Empezó a llover cuando empecé a dar vueltas por la preparatoria. No lo había visto en la mañana por su salón así que era probable que llegara justo a esa hora, siempre lo hacía y nunca entendí por qué ya que las clases ya habían concluido.

Lo encontré en el patio más cercano a la puerta (la escuela tenía tres patios, cada uno correspondía a un grado escolar). No me acerqué inmediatamente ya que noté que estaba teniendo una plática seria con su novia. Ella me vio, me señaló y se fue furiosa.

Él volteó y, al observarme por unos cuantos minutos, se acercó con paso lento. Jamás lo había visto tan desalentado, tan triste, tan frustrado. Su semblante ya no mostraba esa sonrisa que tanto me encantaba de él, parecía como si la misma lluvia que caía la hubiera borrado por completo. Hasta se veía demacrado.  

Deseé abrazarlo pero su postura rígida y su cuerpo tenso me lo impidieron. No, no era una buena idea. Esperé a que llegará a mí y lo que dijo posteriormente me rompió el alma: “Lilia, sabes que te quiero mucho pero… ya no aguanto. Ayer Miriam nos vio abrazarnos después de nuestra pelea y lo malinterpretó. Hoy me dijo que mejor termináramos porque ella piensa que lo nuestro va más allá de la amistad. Sabes que la amo…”.

No necesité escuchar más para darme la media vuelta y correr. Ya sabía lo que significaba eso sin que lo dijera directamente. Él ya había elegido y, desgraciadamente, la había elegido a ella. Yo no era nadie para impedir que fuera feliz así que lo mejor, para ambos, era mantenernos alejados.

Él me gritó, me pidió que me detuviera e incluso intentó agarrar mi mano pero yo se lo impedí así que dejó de seguirme. En el último patio dejé de correr y la lluvia empezó a caer con más fuerza. Un impulso me hizo caminar hacia ella, no me importaba mojarme, no me importaba enfermarme pues, al parecer, lo único que me importaba ya lo había perdido.

Anne Kayve

Imagen de Michael Gaida en Pixabay

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