Sin escapatoria

Queridos lectores: este cuento lo realicé hace unos años, cuando estaba tomando un taller de creación narrativa. Fue complicado ya que me hizo salirme del género al que estoy acostumbrada a escribir pero fue una grata experiencia. Espero lo disfruten.

La música de mi celular para de repente. Lo saco de inmediato del bolsillo de mi pantalón y me doy cuenta que el teléfono indica que la música sigue sonando. Confundida quito los audífonos y los conecto de nuevo. No funciona, la música sigue sin sonar.

Volteo a ver a ambos lados de la estación del metro y como no hay nadie a la vista quito los auriculares e intento de nuevo que la música se reproduzca en volumen alto pero es en vano. Creo que las bocinas de mi celular tampoco sirven.

Desconcertada guardo el móvil y miro alrededor. No me había percatado de que la estación se ha vuelto fría y que hay un silencio muy perturbador que no es nada normal a esta hora de la noche.  

Empiezo a angustiarme, ¿Cuánto tiempo he estado aquí? ¿Por qué no hay ninguna persona? ¿Por qué siento que el silencio es demasiado alarmante? ¿No debería ya haber pasado un metro? No suelen tardar tanto.

Miro mi reloj y me paralizo al ver que tampoco se mueve. Me alejo de las vías instintivamente ya que presiento que algo malo está a punto de pasar.

La chamarra ya no me protege del frío y mi falda empieza a moverse a causa de una brisa fría que recorre cada rincón de este tenebroso lugar.

¿No será mejor salir? Sí, en la calle habrá carros y mucha gente, de seguro ocurrió un accidente y han evacuado a todos pero se han olvidado de mí. Sí, esa debe ser la causa de que yo esté sola en esta estación.

Me convenzo a mí misma de salir, es la mejor opción. Empiezo a caminar con lentitud pero un grito macabro detiene mis pasos. Las luces han empezado a titilar así que me quedo en dónde estoy.

Asustada miro hacia la derecha, el grito viene de ese túnel. Intento ver a través de la oscuridad pero es en vano.

-¿Hay alguien ahí? –Pregunto con valentía. Tal vez una voz hermosa y angelical me responda y me diga que todo está bien, que sólo es una broma para algún programa de televisión y que estoy a salvo pero no escucho nada más que el propio eco de mi voz.

Entonces, veo como una especie de ave se acerca Trato de observar bien sus características pero las luces no me permiten hacerlo. Es… ¿negra? Cierro los ojos con fuerza cuando caigo en la cuenta de que no es un ave, es algo mucho peor. Es un murciélago.

Con valentía los abro, tal vez si veo hacía qué dirección va puedo echar a correr al otro lado, si es que mis piernas me responden porque el miedo es el que me obliga a quedarme quieta.  

Lo busco rápidamente pero lo único que aprecio es una figura negra acercándose a mí. ¿Es acaso mi salvador o mi asesino? Conforme avanza voy percatándome que él no es humano. Un ser humano no tiene la piel tan pálida ni los ojos rojos como sangre. Además, los largos y filosos colmillos me han ayudado a saber que es. Es un vampiro.

Intento huir pero es demasiado tarde porque prácticamente él ya está detrás de mí. Me dirijo a las escaleras gritando pero antes de llegar a ellas la luz se apaga totalmente. No hay a dónde correr ni en dónde esconderse.

Me guío con las manos hacia la pared más próxima y cierro los ojos. Mi respiración se ha vuelto entrecortada y sudor frío empieza a correr por mi frente.

Siento un dolor insoportable en mi cuello y una sensación de asfixia impresionante. Mi respiración se hace lenta, hasta que poco a poco se apaga totalmente. No hay más, me quede sin escapatoria.

Anne Kayve

Imagen tomada de:
https://pixabay.com/es/photos/escalera-mec%C3%A1nica-metro-escaleras-769790/

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