Adiós, papá

Meto la ropa que me falta a la maleta y la intento cerrar con esfuerzo. Son tantas cosas las que hay adentro que es casi imposible colocar el cierre. Pongo mi cuerpo sobre ella para que las cosas se aplasten y no ocupen tanto espacio. Cuando por fin lo logro, miro alrededor, ¿Falta algo más?

Mi vista se detiene en el único retrato que tengo con mi papá. Me acerco lentamente y lo tomo. Aún recuerdo ese día, el cual para mi representó un gran logro porque era el fin de la universidad. Para él, sin embargo, sólo significó que yo ya había cumplido con todas mis obligaciones de hija y que, después de eso, ya no me debía nada más.

Esos recuerdos me entristecen pues después de aquel día no hacía más que reclamarme sobre mi desempleo. Su único deseo es que ya me vaya de la casa para que, por fin, pueda ser libre. En el fondo sé que me odia por haber sido un obstáculo en su vida porque por mi no pudo cumplir varios sueños que tenía y, lo más importante, por haberle arrebatado a su amada.

En mi defensa, yo no le pedí nacer ni fui la culpable de que mi madre muriera en aquél accidente de auto aunque sé que él no deja de pensar que si ella no hubiera decidido ir por mi a la escuela, jamás hubiera sucedido esa desgracia.

Aún recuerdo las palabras que me dijo después de enterarse que había fallecido: “Tú la mataste”. Recuerdo cuanto lloré ya que, ese día no sólo la perdí a ella sino también a él, ¡Sólo tenía 11 años! ¡No tenía que haberme abandonado de aquél modo cruel!

Ahora, después de tantos años, soy yo quien me voy, como él siempre ha querido. Eso sí: sin ninguna estúpida despedida, sin ninguna palabra de agradecimiento. Estoy segura que a partir de hoy no sabrá de mi nunca más. Ojala eso le haga reflexionar sobre todo el daño que me causó.

Antes de partir, me asomó al espejo de su habitación y reviso que todo esté en su sitio. Sonrío cuando me doy cuenta que es así. Las palabras que escribí con mi sangre aún están plasmadas en su espejo principal: “Adiós, papá”. Me quedo algunos instantes mirando mi reflejo y minutos después sacó mi celular para tomarle una foto y luego salgo de la habitación.

Después me dirijo a la mía y agarro mis cosas. No tengo ningún pendiente más en esta casa así que sacó una lista vieja que llevo en el bolsillo y tacho las cosas que ya he hecho.

Sólo me falta una: ir con mamá.

Sonrío satisfecha. La veré esta noche, estoy segura. Se lo prometí desde hace unos meses y ya todo está preparado. Llevo ese papel hacia mi corazón después de besarlo y gritó a todo pulmón: “Adiós, papá. Hola, mamá”.

Anne Kayve

Imagen de JL G en Pixabay

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