Un extraño en casa

Al llegar a casa, Locky, mi perrito labrador de un año, me recibe con gran entusiasmo, lo cual me hace sonreír a pesar del pésimo día que he tenido. Le empiezo a hacer mimos mientras el mantiene su cola moviéndose de manera incontrolable.

Desde que murieron mi madre y mi hermano, vivo sola con él. De cierta manera se ha convertido en mi única motivación para vivir últimamente ya que en estos momentos mi vida laboral y social se encuentra por los suelos.

Llevo ya tres meses sin trabajo y otros seis sin contacto humano cercano. Creo que, en parte, yo he tenido la culpa por encerrarme después de ese accidente en el que fui la única que salí viva pero, en verdad, no quería hablar con nadie porque, a pesar de haber salido ilesa, me sentía en deuda con las otras personas fallecidas y tenía la certeza de que nadie lo entendería.

Sólo me comprendía Locky pues cada que me soltaba en llanto, él se acercaba con timidez y recargaba su cabeza en mi pierna para que lo acariciara. Esa pequeña acción me reconfortaba siempre y él lo sabía. Era el perro más inteligente que había conocido jamás.

-Lo sé, bebé, las cosas van a mejorar -Le digo mientras dejo mis cosas en la cama. Después, con gran pesadumbre me aviento en la cama para descansar del día lleno de estresantes entrevistas de trabajo. Estoy exhausta.

Respiro profundo para detener las lágrimas. Ya lloraré después de cenar algo. Sin embargo, el sonido de la puerta me hace levantarme de la cama de sopetón. Nadie. Repito: nadie tiene la copia de mi llave. Trago saliva y aguanto la respiración para ver si percibo otro sonido proveniente de la entrada principal pero lo único que oigo son las pisadas de mi perrito, el cual no parece haber dado cuenta de ese ruido extraño.

-¡Quieto! -Le susurro y él se sienta, como si esperara que le diera algo de comer.

El sonido se repite y, como reacción, Locky empieza a ladrar y a gruñir. Por fin se ha dado cuenta de que está pasando algo fuera de lo normal.

Abro mi cajón y busco algo con lo que pueda defenderme pero no encuentro nada. Trato de serenarme y de maldecirme por no haberme inscrito a ese curso de defensa personal el mes pasado.

Visualizo de reojo el spray que ocupo para mi cabello y lo agarro. Tal vez puede servirme como distractor.

Siento como toda la adrenalina sube por cada célula de mi cuerpo. Estoy consciente que cualquier movimiento en falso puede ser fatal para mi vida. Lástima que ya no está mamá para protegerme ni mi hermano mayor, el cual de seguro haría lo que estuviera en sus manos con tal de que no me pasara nada.

Locky empieza a ladrar cada vez más fuerte hacia las escaleras que dan a la entrada. Eso me hace ponerme más nerviosa, ¿Debería correr e ir a esconderme o debería enfrentar a aquel desconocido que irrumpía en mi casa? Opté por la segunda opción pues sabía que si me ocultaba me quedaría con la duda de si ese extraño ya se había marchado o no.

Me armo de valor y empiezo a bajar por las escaleras con total precaución. Desgraciadamente, creo que mi perro es más miedoso que yo pues él prefiere quedarse en la seguridad de mi habitación. Ahí es cuando entiendo que estoy sola en esto.

Agudizo el oído para poder captar cualquier sonido extraño pero ahora mi departamento está sumergido en un silencio sepulcral.

Cuando llego al primer escalón, paro en seco. En la pared hay un texto escrito con sangre: “Ella ya descubrió que faltaste tú y te tiene en la mira, ¡Huye, hermanita! ¡Sálvate! Mereces vivir. Kevin”.

Me tapo la boca con ambos manos y, como mis piernas no pueden aguantar el peso de mi cuerpo, caigo de rodillas. Tengo que hacerle caso. Tengo que irme de inmediato.

Con lágrimas en los ojos me levanto y subo con rapidez las escaleras. Tengo que hacer las maletas y comprar el boleto de cualquier autobús que me lleve lejos. La muerte no debe encontrarme, no aún.

Cuando termino, agarro las maletas que tengo y la correa de Locky, no puedo irme sin él. Es lo único que me queda de mi familia. No obstante, otro sonido de la puerta de entrada me paraliza, ¿es demasiado tarde? Mi perrito se ha quedado mudo por lo que me acerco al borde de las escaleras intentando detectar cualquier movimiento. Entonces, sin previo aviso, siento como unas manos calavéricas me avientan hacia abajo.

Escucho un último chillido de Locky y todo se vuelve negro.

Al día siguiente, los titulares de los periódicos locales rezan que se ha encontrado el cadáver de una joven en su casa e informan que resbaló de las escaleras y se rompió el cuello al caer. No se encontró a nadie más en su casa a pesar de que había rastros de que un perro vivía con ella. Los vecinos lamentan lo ocurrido.

Anne Kayve

Nota para mis lectores: tengo que confesar que con este texto me he salido de mi zona de confort, espero lo disfruten.

Imagen tomada de: Vector de fondo creado por vectorpocket – www.freepik.es

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s