Nuestro lugar

Fui el refugio de dos amantes.

Fui el testigo de su amor.

Yo los observé cuando vinieron a mí y se sentaron en mi pasto para descubrirse el uno al otro. Ambos estaban nerviosos y, en momentos, no sabían que decir. De repente, el chico tomó el valor para acercarse más a la chica y besarla. Ella le correspondió totalmente. Fue el beso más sincero que he presenciado (y créanme no han sido pocos los que he visto pues me encuentro localizado en un lugar escondido de la universidad, en donde muchas parejas vienen a disfrutar de un rato juntos).

Los días pasaron y se me hizo una bonita costumbre verlos estudiando, platicando, escuchando música y leyendo juntos. Con el paso de los meses, me di cuenta que eran una extraña pero perfecta combinación ya que ella era totalmente sentimental y nostálgica mientras él era la persona más alegre que había pisado mis tierras.

Me empezaron a llamar “nuestro lugar” ya que me convertí en ese sitio en el que podían pasar horas y horas juntos sin que nadie los molestara. Era donde podían soñar juntos y planear miles de aventuras que querían vivir. También me convertí en la antítesis de esos momentos alegres pues vi a ambos llorar y desahogarse. Afortunadamente, el otro siempre sabía qué hacer para que su compañero de aventuras se sintiera mejor.

No obstante, de repente dejaron de venir.

Por varias semanas me pregunté qué había pasado con ellos hasta que un día el chico vino y miro mis alrededores con nostalgia. Después, se puso sus audífonos (él jamás usaba porque decía que para ser feliz ya no necesitaba su música) y se acostó en el pasto. Pasó horas aquí y susurró las canciones que en algún momento le enseñó a la chica. Lo noté algo decaído pero intentaba aparentar que estaba bien. Después de un rato, se levantó y se fue, mirando a su alrededor como si esperara ver a la chica que le robó su corazón meses atrás rondando por ahí.

Pocos días después, la chica apareció. Iba sola también pero ella no trató de ocultar su llanto. Se acostó y mirando al cielo empezó a llorar por él, por ella, por lo que habían logrado formar y que, sin embargo, ya había terminado por una razón que yo desconocía.

Después de eso, jamás volví a verlos pero puedo decir que sea cual sea la razón de su ruptura, me alegra haber sido testigo de tan bello y tan puro amor. Todos merecemos algo así por lo menos una vez en la vida.

Anne Kayve

Imagen tomada de: Foto de verano creado por freepik – www.freepik.es

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