Regreso a la realidad

Mi teléfono empieza a vibrar y, con gran molestia, alargo la mano para quitar la alarma. No puedo creer que las vacaciones han terminado ya y que es hora de regresar a mi cruel realidad, la cual se vuelve más fastidiosa con cada día que pasa.

Aprieto mis ojos con fuerza, como si eso pudiera hacer regresar el tiempo para que yo disfrutara de otras 24 horas de descanso, pero cuando el sonido de mi celular se vuelve a repetir, los abro inmediatamente pues tengo que levantarme para cumplir con mis responsabilidades.

Me siento en la cama lentamente y vuelvo a echar una ojeada a mi teléfono para ver qué tan rápido debo de realizar las actividades que acostumbro hacer para prepararme para el trabajo. Cuando me levanto con una hora de anticipación, puedo tardarme mucho en desayunar, por ejemplo, pero cuando no, debo echar algo para comer durante el trayecto.

Sorprendida me doy cuenta que el molesto sonido que me desperto no era mi alarma sino una llamada y que, en realidad, es aún de madrugada por lo que tengo unas cuantas horas para dormir todavía.

Temblando desbloqueo el celular y veo los números tratando de reconocerlos pero fallo, como siempre, por mi mala memoria.

¿Y si es Darío? ¿Quién más podría llamarme a las tres de la madrugada? ¿Mis padres? Lo dudo. Al menos que haya ocurrido un accidente… pero estoy segura que ellos me llamarían desde su casa y ese número sí lo conozco.

Es ahí cuando me odio un poquito por haber borrado el contacto de ese chico que meses atrás me rompió el corazón ya que me conozco demasiado para saber que mi fobia a contestar números desconocidos es tan grande que prefiero evitarlo a toda costa. Es por eso que siempre insisto en registrar a las posibles personas de las que podría recibir alguna señal de vida vía telefónica.

¿Debo devolver la llamada? Suspiro y me vuelvo a acostar sin quitar la vista de la pantalla de mi celular. Tan sólo pensar en hacerlo ha hecho que mi corazón aumentara su ritmo cardíaco. No, no puedo. Me tallo los ojos desesperada. Incluso, el sueño se me ha ido. Sé que si no hago esa llamada, no podré dormir pero al mismo tiempo sé que moriré de miedo al apretar la tecla de llamar.

De repente, el mismo sonido de antes irrumpe en la habitación y, con mi mano temblorosa dejo el celular en el mueble contiguo. Quisiera tener el coraje para tomarlo y contestar pero creo que mi cariño hacia él ya no es tan fuerte como para vencer uno de mis peores miedos.

Cuando deja de sonar, respiro profundo y vuelvo a mirarlo. Lo tomo y lo apago. Sí, eso debe ser suficiente para que no suene de nuevo. Sé que siempre me quedaré con la duda sobre quién habrá llamado pero también tengo la certeza de que si fue Darío, él siempre se preguntará el que hubiera pasado si no hubiera roto mi corazón marchándose.

Anne Kayve

Foto tomada de: Foto de fondo creado por freepik – www.freepik.es

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