Querida desconocida (Carta 20)

Querida desconocida:

Veo que vas de regreso a casa y que estás intentando reprimir una pequeña sonrisa. El día ha sido difícil, sin duda alguna, pero ha traído cosas inesperadas que te hace sentir que algo inevitable está por empezar.

En el trabajo, antes de que llegara tu compañera de oficina, te sentaste frente a una hoja en blanco. Tomaste tu pluma favorita y, sin que apenas te dieras cuenta, las palabras empezaron a fluir de tu interior.

Cuando terminaste tu obra maestra, respiraste profundo, la doblaste enseguida y la guardaste en tu mochila. Quizá con un poco de miedo de que todo lo que habías sacado regresara a ti si no la escondías lo más pronto posible.

Justo en ese momento, entro tu compañera. Tu le sonreiste (ya te sentías más tranquila) y empezaron a hablar de las cosas pendientes que tenían que hacer.

El tiempo pasó volando. Sin embargo, conforme se acercaba la hora de la salida, empezaste a percibir de nuevo el vacío. Eso hizo que se te quitara el hambre y que se hiciera presente un nudo en tu garganta. Afortunadamente, nadie lo notó.

Llegó la hora de la salida y huiste del trabajo lo más rápido que pudiste. En el camino, te pusiste tus audífonos y tu música te traicionó porque todas las estrofas que se emitían de tu celular te recordaban a esa persona tan especial para ti.

Entonces, una canción que no recordabas tener se empezó a reproducir gracias a que tenías activado el modo aleatorio. Cerraste un poco los ojos y las lágrimas empezaron a correr por tus mejillas. Esta vez, no intentaste detenerlas ya que te prometiste que ahora sí serían las últimas.

La canción consistía en un chico que le pedía a su pareja que lo dejará ir. En realidad, tu sentiste que él, tu ex, te la estaba dedicando a ti. Te atrapó tanto que la repetiste una y otra vez, querías hacer lo que pedía a gritos pero no tenías la certeza de cómo hacerlo.

Entonces, sacaste la carta y la leíste y vi en tu expresión que te sorprendió de sobremanera lo que ahí estaba plasmado. No sabías en que momento habían salido esos versos tan desgarradores. Ahí fue cuando decidiste enterrarla en el lugar en que se despidieron un año antes.

El tren llegó a la estación de tu universidad y tu cuerpo reaccionó en automático mientras tu mente seguía concentrada en esa maldita canción.

Caminaste unos minutos y a lo lejos viste aquella bifurcación en donde se separaron. Recordaste tus lágrimas y las suyas y vino a tu mente la imagen de su último beso.

Respiraste profundo y cuando llegaste subiste la música a todo volumen, sacaste la carta y la enterraste mientras tarareabas la letra. Cuando terminaste, en voz alta dijiste: “Te dejó ir” y empezaste a caminar hacia tu facultad.

Curiosamente, con esa acción la opresión de tu pecho disminuyó, lo cual ocasionó una sonrisa en tu rostro. Te sentías con ganas de entrar a clases y contarle a tu amigo el profesor tu osadía.

Llegaste a clase (como siempre tarde por el trabajo) y te decepcionó darte cuenta que la maestra dio por terminada la clase a tan sólo diez minutos de que tu hubieras llegado.

Te acercaste a tu grupo de amigas y empezaron a hablar del fin de semestre, el cual ya estaba a la vuelta de la esquina. Pocos minutos después, el chico de la mañana se acercó y les preguntó si podía quedarse con ustedes. Todas asintieron y a ti se te ocurrió pedirle que fuera a comprarte comida mientras ustedes seguían poniéndose de acuerdo con un trabajo final.

Para tu sorpresa, él accedió de buena gana. Cuando regresó, ustedes ya habían terminado así que te dispusiste a pagarle.

-¿Cuánto fue? -Preguntaste mientras buscabas tu monedero.

-Unos besos ¿o qué? -Susurro una de tus amigas, la más cercana a él. Eso te dejó helada pero fingiste que no la habías escuchado. Él pareció hacer lo mismo ya que te respondió con la cantidad exacta.

Cuando abriste tu cartera te diste cuenta que sólo llevabas pesos así que le pagaste con eso. Ambos se rieron por tu acción pero él no protestó.

Poco después empezaron a hablar un poco de la escuela hasta que la chica que unos minutos antes los incomodó dijo:

-¡Hoy vi a mi crush! Venía vestido tan hermoso…

Las otras chicas continuaron con ese tema pero tu volteaste a ver al chico de la mañana y soltaste sin pensarlo:

-¿A ti quién te gusta?

Él se quedó sin palabras y dijo que era diferente gustar y atraer. Te empezó a enumerar los puntos en que divergían pero no contestó tu pregunta así que la volviste a formular.

-¿En verdad no sabes? Creo que es muy obvio -Respondió en voz baja, como con miedo de sincerarse demasiado rápido.

-No, ¿A qué te refieres? ¡Ya dime!-Lo cuestionaste un poco confundida, ¿Cómo ibas a saberlo si a penas lo había tratado? A lo mejor sí le gustaba su mejor amiga.

-Tú.

Lo miraste fijamente y no supiste qué decir, ¿¡qué!? Entonces todo empezó a cobrar sentido, desde tus amigas molestando hasta el hecho de que haya aceptado irte a comprar la comida.

-Creo que ahora sí te has quedado sin palabras -Dijo el chico al ver que no decías nada.

Bajaste la mirada mientras sentías que tus mejillas se encendían. Creo que en el fondo conocías su respuesta pero no esperabas que tuviera el valor para decirla.

-No me lo esperaba…

-¿Me dejas conocerte mejor? ¿Podríamos salir algún día?

Tu asentiste todavía en estado de shock. En eso, tus amigas irrumpieron en la conversación anunciando que ellas ya se iban. El chico optó por irse también sin antes pedirte que lo pensaras.

La única que no se marchó fue tu mejor amiga y le contaste lo que acababa de pasar. Ella te confesó que ya sabía porque él le había dicho el día que te recargaste en su hombro y te pidió que antes de hacer algo lo pensarás bien porque él sí estaba interesado de manera genuina en ti.

Asentiste pero sinceramente sé que pensaste que era cosa del destino ya que ese chico apareció exactamente un año después del peor día de tu vida.

Querida desconocida, sólo sigue tu corazón.

Te ama,

Anne Kayve

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