Desconexión

Desde el día que la había encontrado, Joe no había podido dejar de escucharla. Eran pocas las canciones que tenían ese extraño efecto en él pero a esas alturas ya la consideraba una droga, de esas que no es tan fácil de dejar porque sientes que se te va la vida con ella.

Así que una vez más, se puso ambos audífonos y subió al máximo volumen su reproductor de música. Después buscó la canción culpable de esa adicción y le puso play, no sin antes fijarse bien en que sería la única que se reproduciría, una y otra vez. Sin pausas ni comerciales.

Fue ahí que empezó a gritar la letra, a sangrar con cada estrofa y a llorar con cada sensación que le causaba. Eso, por una parte, le permitía liberarse y, por otra, le ayudaba a desconectarse de la realidad que tanto le había estado haciendo daño por días.

De repente, Joe se paró del sillón en que estaba y con los audífonos puestos salió corriendo de su hogar, en el fondo con esa acción quería deshacerse de todo lo que lo atormentaba y la única forma que se le ocurría era cantar a todo pulmón esa canción mientras corría a toda velocidad sin punto fijo. }

Cuando su cuerpo estuvo exhausto, paro y al ver un área verde a su alrededor, se acostó ahí, tratando de recuperar la respiración. Cerró los ojos y los abrió de nuevo cuando su inconsciente le mostró una imagen de esa chica que tanto le dolía haber perdido.

Ante eso, reunió las fuerzas que le quedaban y aumentó de nuevo el volumen de esa canción maldita que sólo lo estaba llevando a un estado de paranoia.

Esperaba encontrar una solución a esa malditas ganas contradictorias de escapar de la realidad justo con una canción que le recordaba todo aquello que le dolía.

Entonces, la canción dejó de sonar ya que el reproductor se quedó sin pila. Cuando se dio cuenta que dejó de sonar, Joe paro y se hincó en el piso, sin más fuerzas para continuar.

Su mente, sin previo aviso, empezó a repasar los ritmos y la letra de la canción y, sólo con eso como motivación, se levantó y siguió corriendo, sacando todo, esperando que el tiempo curara ese sentimiento suicida que lo estaba amenazando.

Cuando logró regresar a casa, se aventó en la cama y. una vez más, reprodujo la canción desde su computadora personal. Se prometió a sí mismo que sería la última vez. Después de eso, la dejaría en el olvido junto al recuerdo de la chica que había amado tanto y que se había ido sin importarle sus sentimientos.

Esta vez, lo iba a lograr. Por él y por su vida propia y sin importar lo difícil que le resultara hacerlo.

Anne Kayve

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