Las puertas se cierran

Raúl miró las puertas del metro cerrarse detrás de ella. Ahora, aunque corriera y gritara su nombre, sabía que no la alcanzaría. En esa ocasión, las puertas marcaban el final de su historia, el final de su amor.
No era como otras veces. En cualquier ocasión anterior, hubiera bastado con correr detrás de ella y agarrar su mano para impedir su partida, siempre fue muy fácil convencerla de regresar a sus brazos a pesar de las adversidades que rodeaban su amor.
Pero esa pelea fue diferente a las demás. Cerró los ojos y contuvo las lágrimas que amenazaban con empezar a fluir por sus mejillas. El metro ya había desaparecido y, en su lugar, sólo se encontraban las vías y los andenes vacíos.
Trató de recordar el inició de aquel final desastroso pero la mirada inquisitiva de una chica lo distrajo. Tenía aproximadamente 16 años, venía con una mochila morada y su ropa se conformaba por una playera blanca y una falda negra. Clavo su mirada en la de ella, sus dulces ojos lo examinaban, como si intentará adivinar la causa de su dolor.
Esa chica, por alguna extraña razón, le recordó a Melany. Esa mirada soñadora, esos ojos dulces, ese rostro tierno… Otro metro llegó a la estación y lo hizo volver a la realidad. La chica subió sin volver a mirarlo. La conexión que empezó de manera fugaz se rompió y el dolor regreso a él como un cuchillo afilado.
Esa mañana fueron a pasear pero ella ya estaba rara desde un día antes.
Contestaba cortante y ya no aceptaba agarrar su mano, mucho menos aceptaba sus besos. El infierno comenzó justo cuando entraron al metro para regresar a la casa de ella.
En las escaleras, Raúl se atrevió a preguntarle la causa de sus actitudes y ella simplemente se quedó callada. Él no aguanto ni un segundo más su silencio y empezó a alterarse de tal manera que ella terminó diciéndole que ya no lo quería más, posteriormente se echó a correr, él tropezó y estuvo a punto de resbalarse, cuando recupero el equilibrio era demasiado tarde ya que ella ya había empezado a bajar por las escaleras que se dirigen a los vagones del metro. Raúl corrió con
todas sus fuerzas para detenerla porque sabía que si no lo hacía la perdería para siempre. Llego debajo de las escaleras pero todo fue en vano porque justo en ese momento las luces intermitentes que anuncian el cierre de puertas empezó a sonar y ella ya entraba en el transporte.
Raúl se dirigió a las escaleras y se sentó. Las lágrimas ya no pudo evitarlas y dejó que fluyeran. De todas maneras, reflexionó, la relación con Melany ya no era la misma. Ya no lo llenaba como en un principio.
La estación se fue llenando de nuevo, Raúl se limpió las lágrimas y se metió al metro. En esos breves tiempos de reflexión tomó la decisión de que si las puertas del metro se cerraban, él las abriría de nuevo pero en una estación mejor.

Anne Kayve

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