Y si el destino quiere… me encontrarás

Esto es lo que recuerdo de Richard: bacalao. Había kilos y kilos de ese platillo tan típico de Portugal en la última cena que tuvimos antes de romper. Venía en sus diferentes presentaciones: asado, cocido, a la parrilla, con nata, en ensalada, etc., pero ahora que ya no estoy con él, verlo e, incluso, olerlo me hace sentir ganas de salir corriendo para ir a buscarlo. Sin embargo, sé que debo de respetar su decisión de no estar conmigo.

Hoy, cinco meses después de nuestra ruptura, ambos deberíamos estar a punto de abordar un avión para celebrar nuestro sexto aniversario en Portugal. Los dos sabíamos que ese viaje sería el que consolidaría nuestro amor y, para lograrlo, habíamos trazado una ruta medieval que incluía cinco castillos, los cuales eran: el Castillo de Castro Marim, el Castillo de Alcotium, el Castillo de Loulé, el Castillo de Sines y el Castillo de Óbidos. Cada uno representaba un año de nuestro amor.

En esos lugares nos habíamos propuesto ver un atardecer después de hacer un recuento de nuestros mejores recuerdos juntos. En el último, en el Castillo de Óbidos, tendríamos que encontrar la manera de visualizar un amanecer también, lo cual significaría que ambos creíamos en que nuestro amor en verdad iba a trascender.

Saco mi boleto de mi cajón y consulto mi reloj. Justo en estos momentos ya debería estar en el aeropuerto. Reprimo una lágrima y agarro mi almohada para gritar en ella. No quiero que nadie escuche todo el dolor que tengo dentro. Sé que en estos momentos debe odiarme por terminarlo sin ninguna explicación. Es sólo que… no podía seguir haciéndole creer que pronto tendríamos un hijo pues, desde que estaba en la universidad, me había prometido que no lo tendría jamás.

De repente, un impulso me obliga a parar mi llanto, a respirar profundo y a tomar una decisión: iré a Portugal aunque Richard ya no esté conmigo. Si el viaje fue planeado para unirme a él, ahora será para encontrarme a mi misma y amarme como nunca antes lo he hecho y, quién sabe, a lo mejor me guste tanto que no querré regresar jamás.

Lo más rápido que puedo, voy a mi closet, saco algo de ropa y la meto a la maleta. Luego miro el boleto por unos segundos y un vago recuerdo llega a mi: Richard diciéndome que me esperaría en ese avión. Sin embargo, trato de borrar esas palabras de mi mente ya que su hermano me dijo que mi ahora ex-novio, había decidido vender el boleto pues ya no tomaría el vuelo.

Le hago la parada a un taxi, subo y le digo a donde me dirijo: hacia el lugar que, estoy segura, cambiará mi vida y, tal vez, mi destino también.

Anne Kayve

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