Lo intenté

Por meses intenté no abrirle mi corazón a nadie. Por miedo, por frustración y por una necesidad irracional de encerrarme en mi misma. Por alguna extraña razón, me sentía mejor estando alejada de todos emocionalmente ya que así las personas no tenían la manera de lastimarme y de hacerme llorar, como alguna vez ya lo había hecho alguien.

No obstante, de un momento a otro llegó a mi vida un chico que me hizo dudar de mi lejanía emocional y me hizo darme cuenta que impedir que mi corazón amara de nuevo sería un gran error. Por esa razón, acepté empezar a salir con él aunque debo confesar que lo hice pensando que jamás atravesaría la barrera emocional que me encargue de construir durante un año, un largo y delirante año.

Pasó el tiempo y fui descubriendo en este chico cosas maravillosas que me hicieron empezar a quererlo pero justo en el instante en que sentí que me estaba encariñando de más, puse de nuevo una muralla alrededor de mi corazón. Me aterraba tan solo la idea de que él logrará derribarla y, después de un tiempo, me dejará más destrozada de lo que había estado antes de conocerlo.

Sin embargo, las acciones que hacía por mí me hicieron ver que sus intenciones, por lo menos en esos momentos, eran sinceras y que él veía en mi una persona con la que vale la pena estar y luchar. Además, el hecho de que fuéramos caminando a la misma dirección me hizo creer que ya estaba lista para intentarlo de nuevo, ahora con más intensidad que antes.

Así fue que decidí estar con él pero lo hice con la firme convicción de que, pasara lo que pasara, yo no me permitiría el enamorarme de él ya que eso significaría volverme vulnerable ante él y ya no estaba dispuesta a eso.

Meses después, en una cabaña alejada de la civilización y del mundo exterior, él me dijo que me quería y que nada lo hacía más dichoso que estar a mi lado. Ahí fue cuando me di cuenta que no podía negar más los sentimientos que había desarrollado hacia él. Entonces, lo miré a los ojos y a la luz de la luna, le dije las palabras que más temía mencionar pero que, sin embargo, eran ahora mi completa realidad:

“Estoy perdidamente enamorada de ti y… te quiero”.

Él me envolvió en un abrazo lleno de amor y ternura, diciéndome que nada lo hacía más feliz que escuchar eso. Luego, me dio las gracias por haberle dado la oportunidad entrar a mi vida y conocer cada rincón de mí.

Ahí, en ese lugar, en ese momento, me sentí liberada del sentimiento de opresión que tanto tiempo había atrapado mi corazón y me di cuenta que ahora estaba totalmente ligada a él. También, empecé a tener la certeza de que aunque él se marchara una parte de mi ya le pertenecía para siempre.

El dulce beso que siguió convirtió esa madrugada en la eternidad entera y me entregué a él como nunca antes había hecho con alguien más.

Juro que lo intenté, intenté no enamorarme pero fracasé.

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