Desapareciste

Hace seis años, cuando nos despedimos por primera vez “para siempre”, creí que ya no volvería a saber de ti. Lloré en mi habitación por meses, me encerré en mi misma por años y evite que nueva gente pasara por mi corazón, ¿por qué? Porque me daba terror que alguien me volviera a lastimar como lo hiciste tú y, sin embargo, sabía que a pesar de las lágrimas derramadas quería volver a amar a alguien y que alguna persona me amara con la misma intensidad con la que yo te ame a ti.

Debo confesar que no fue un camino fácil de seguir ya que en cada chico, en cada nueva conquista, te veía a ti y a nosotros. Nos visualizaba en aquel andén del metro cuando nos conocimos, en aquella calle donde fue nuestro primer beso, en esa pequeña montaña en la que pasamos una madrugada con la promesa en la boca de que nada de lo que pasara nos alejaría de la vida del otro, nunca.

No obstante, tú conociste a alguien más y dejaste de lado todos esos momentos mágicos que vivimos. No te importó romperme el corazón ni dejarme destrozada. Pasaste por alto mi llanto y mis palabras, en las cuales te rogaba sin cesar: ‘quédate aquí’. Así que hiciste las maletas y, sin despedirte, un día llegué a casa y ya no estabas.

No intente buscarte de nuevo después de esa tarde ya que tú habías elegido tu camino. No podía obligarte a quedarte a mi lado si eso no te hacía feliz como a mi. Empaqué las pocas cosas que olvidaste (tu cepillo de dientes, dos o tres chamarras, tu reloj favorito, nuestras fotos juntos) y las dejé en el sótano, con la esperanza de que algún día cruzaran por tu mente y regresaras a casa por ellas. Yo sabía que siempre te estarían esperando, al igual que mi tonto y estúpido corazón.

Pasaron dos o tres años y yo seguía sin rastro de ti. Parecía como si la tierra te hubiera tragado y te hubiera desaparecido por completo. Tus redes sociales estaban desactivadas y tu familia se había mudado. No había forma de hallarte ahora pero yo sabía que tú estabas consciente de la dirección de nuestra casita, por lo que cuando quisieras regresar sabrías como hacerlo.

Cuando se cumplieron cinco años de tu adiós, fui al sótano con una angustia increíble y abrí aquella caja que por tanto tiempo evite. Y lloré, lloré y lloré hasta ahogarme con mis propias lágrimas, hasta quedarme dormida con esa maldita opresión en mi pecho.

Fue en ese momento en que decidí deshacerme de lo poco que tenía de ti ya que tu no ibas a volver. Por más que yo lo deseara. Aunque yo no quisiera, era hora de cerrar ese capítulo y quemar el libro que contenía lo que fuimos: la eternidad entera.

Busqué cambiar mi vida por completo. Vendí la casa y empecé a utilizar el dinero para viajar. Quería conocer otros lugares y a otras personas para darme cuenta que tu no eras el único que me podía amar y al que yo podía amar. Era hora de darme, por fin, una oportunidad de vivir mi propia vida sin estar atada a ti.

En esos días, conocí a alguien. No era el tipo de persona que yo había tratado pero su espíritu aventurero me cautivó de inmediato. Sin saber cómo ni cuándo, se convirtió en mi perfecto compañero de aventuras y locuras. En esa perfecta compañía que yo tanto necesitaba. Y le dejé mi corazón abierto para que pasara y se instalara ahí. Él se dio cuenta que había mucho polvo en él debido a que no lo había usado en tanto tiempo pero no le importó, con paciencia me fue enseñando lo maravilloso que es amar y ser amado, sin miedo y sin ataduras.

Me entregué a él como lo hice contigo un día pero ¿sabes? Con él me sentía plena y no dolía, como contigo alguna vez lo hizo. Poco tiempo después de que terminó nuestro viaje, me pidió que enfrentará mi pasado pues no podía estar huyendo de él. Lo hice comprando de nuevo nuestra casita.

¿Destino o casualidad? Tú apareciste ante mi puerta al día siguiente que regresé. Estabas cambiado y, sin embargo, seguías muy guapo. Esa chispa que alguna vez nos unió seguía ahí ¿lo notaste también? Sin embargo, no te dejé pasar y te informe que me había deshecho de tus cosas.

Mi respuesta no te gustó, creo que esperabas que yo fuera todavía la chica que te amaba pero dime: ¿cómo puedes amar a alguien que te abandonó para ser feliz con alguien más?

Cerré la puerta con un nudo en la garganta y me recargue en ella. Apenas podía mantenerme en pie. Tu voz aún se escuchaba afuera de mi casa. Querías que te abriera y te diera la oportunidad de decirme por qué tomaste esas decisiones pero yo ya no quería esa explicación que esperé por tanto tiempo.

Yo sólo deseaba que te fueras.

Sin embargo, insististe tanto que sólo te fuiste cuando te prometí que yo te vería al día siguiente en la misma estación de metro en donde nos conocimos.

Y veme aquí, parada en la misma posición que estaba en aquél día en que todo empezó.

No obstante, quiero que sepas una cosa antes de que digas cualquier cosa: aunque apareciste de nuevo en mi vida, tú sigues desaparecido de mi vida y de mi corazón y estoy segura que jamás podré encontrarte porque jamás volverás a ser el chico del que me enamore. Así que, por favor, después de hoy vete lejos y no regreses porque el día que te fuiste de mi, desapareciste.

Anne Kayve

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