Nunca será sufciente

Al despedirte de tus amigos, volteas a ver el reloj. Es más tarde de lo que imaginabas, ¡que rápido se pasa el tiempo cuando estás con ellos! Es inevitable que suceda eso pues con cada anécdota, con cada chiste te hacen sentir más viva de lo habitual. Sin embargo, sabes que haberte demorado con ellos traerá muchas consecuencias malas pues tu padre no estará contento de que hayas demorado más de la cuenta.

Te aseguras de que ellos ya no te ven y corres por los transbordes del metro, esquivando gente y, de vez en cuando, a los vendedores ambulantes que obstruyen los pasillos. Debes apurarte en llegar si quieres que esta noche la cena no sea una batalla campal.

¡Oh, no! Mala suerte. Las puertas de ese metro se han cerrado justo antes de que tu las abordaras. Ahora tendrás que esperar al siguiente, lo cual requiere gastar unos minutos valiosos que después te sentenciarán. No lo olvides, en esta carrera de muerte cada segundo cuenta.

Esperas ansiosa el próximo tren y te retuerces las manos por los nervios, rogando que el tiempo se congele para que tu llegues a casa antes de la hora prevista. No vienes borracha, no vienes de haber tomado. No obstante, sabes que a tu padre esas cosas no le importa ya que, según él, es tu deber cumplirlas al pie de la letra.

¡Enhorabuena! ¡Ya se encuentra enfrente de ti el siguiente carro! Lo abordas con una agilidad sorprendente a pesar la aglomeración que ya se encontraba adentro. No te importa no ir cómoda ya que no puedes perder ni un minuto más. En ese lugar, no te queda más que esperar a que el transporte público haga lo suyo así que sacas tu celular y abres tu aplicación de música. Quieres relajarte un poco antes del inminente regaño.

Cuando subes a la parte elevada, tu celular empieza a sonar. Es una llamada de él. Ya se ha dado cuenta de tu demora. Con tu mano temblorosa cuelgas y vuelves a guardar el celular en tu bolsillo de los jeans. Estás reprimiendo una lágrima ya que antes de salir hoy con las personas que más quieres arreglaste todo para que las cosas no se salieran de control. Sin embargo, en estos momentos te estás dando cuenta que fallaste.

¡Tonta, tonta, tonta! Todo por acceder a que te contarán otra historia de sus vidas. Espero la hayas guardado bien en tu memoria a largo plazo porque, al parecer, será la última en muchos meses. Tu celular vuelve a vibrar y por inercia lo sacas. No obstante, esta vez no es tu padre, es tu mejor amigo, el cual te agradece de corazón por haber asistido a esa reunión de amigos. Lo que más te duele de sus palabras es que te dice que espera que pronto se repita esa experiencia pero sólo contigo…. tu corazón salta de emoción al leer eso pero tu mente te recuerda la situación en la que te encuentras: después de esta salida, no habrá más y menos si vas con algún chico a solas.

Lo dejas en visto y lo vuelves a bloquear. No falta mucho para llegar, es hora de que te enteres qué tan grande es el problema en el que te has metido.

Él ya está esperándote por los torniquetes. Su mirada dura ya la conoces así que esperas lo peor. En cuanto llegas a su lado sólo te fulmina con la mirada y empieza a caminar pretendiendo que tu aguantes su ritmo. Das largas zancadas para lograrlo y tus jadeos comienzan a aparecer, te es inevitable.

De su boca sale la peor condena. Anda, deja de llorar. Ya te la esperabas. Sabías que él no te iba a volver a dejar salir en un largo tiempo. No importa si sigues ayudando en casa, trabajando de medio tiempo en las mañanas y estudiando por las noches.

No, eso no tiene relevancia.

No olvides que, hagas lo que hagas, para él nunca será suficiente.

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