Por mi raza hablará el espíritu

Mi madre me atrapa en un abrazo y empieza a sollozar en mi hombro. Tiene miedo, coraje y enojo, igual que yo, igual que todos los estudiantes que hoy acudiremos a la mega-marcha que se realizará de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales hacia Rectoría. Sin embargo, sé que su temor de que yo no vuelva hoy es el sentimiento que prevalece en ella en estos momentos de despedida.

-¿No hay nada que pueda hacer para que cambies de opinión? -Me pregunta al oído, conteniendo un nuevo sollozo que amenaza con romper en mil pedazos su voz.

-No, deseo ir. Debo hacerlo. .

-No quiero que te pase nada. No olvides el movimiento del 68…. la historia puede volver a repetirse.

-Si ellos callan mi voz, mamá, tú encárgate de que no dejen de oír la tuya.

Ella me acerca aún más a su cuerpo y me da un beso en la frente.

-¡No olvides que te amo, hija! ¡Te amo!

Grabo su aroma, su voz y su abrazo en mi memoria y, después, con paso firme me dirijo hacia el lugar en donde tendrá lugar ese acontecimiento que está buscando pasar a la historia: Ciudad Universitaria.

En el camino, me cruzo con varios contingentes pequeños que se dirigen al mismo sitio que yo y eso me conmueve el corazón. Sé que no estoy sola en esto. Hoy, los jóvenes nos haremos escuchar y no sólo ante todo México, sino ante el mundo entero.

Estoy segura que todos queremos un mejor país en el cual vivir y que ya estamos hartos de vivir entre tanta violencia, corrupción y abominación por parte de las autoridades. Nosotros somos el futuro del país así que podemos cambiar su historia, claro, si es que nos unimos y mostramos nuestra fuerza y es justo lo que estamos empezando a hacer hoy, ¡Ya basta de que nos asesinen, de que nos repriman!

Cuando llego al lugar, ya hay mucha gente ahí. Más de la que esperaba. Es impresionante ver la valentía de mis compañeros y su coraje. Hoy, todos estamos dispuestos a alzar la voz. No queremos más violencia, no queremos otro 68.

Estamos listos para empezar así que comenzamos a encaminarnos hacia el corazón de Ciudad Universitaria: Rectoría, lugar en el cual el día de ayer hubo agresiones contra alumnos de los planteles del CCH, ¡a plena luz del día! Pero no más, no permitiremos otro ataque así.

Miro hacia todas partes y me quedo parada en un punto medio para poder observar la magnitud de este movimiento. Las personas pasan y siguen pasando, como si fuéramos uno solo, como si no tuviéramos fin. De repente, una porra que va tatuada en mi corazón empieza a ser cantada por los estudiantes.

Gooooooooooya goooooooooya,
Cachún cachún ra ra,
Cachún cachún ra ra,
Gooooooooooya goooooooooya,
Cachún cachún ra ra,
Cachún cachún ra ra,
Gooooooooooya ¡Universidad!…

Mi piel se pone chinita al escuchar como nunca antes ese himno y un sentimiento de orgullo envuelve mi cuerpo.

Hoy los jóvenes estamos haciendo historia. Sin embargo, es una lástima que haya sido en consecuencia de un acontecimiento que nos atacó directamente. Es así como la historia se escribe aquí en México: con sangre.

Espero que algún día podamos cambiar eso y si no es así, por lo menos podremos presumir que lo intentamos.

Por mi raza hablará el espíritu.

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